origen. psicologia un mundo aparte
Si usted sospecha que un niño ha sido abusado, póngase en contacto con un pediatra o con una agencia de protección y ayuda a niños. Los médicos están legalmente obligados a informar de todos los casos sospechosos de abuso o negligencia a las autoridades. También puede recomendar a un terapeuta y proporcionar la información necesaria para los investigadores. Los médicos también pueden testificar en la corte para obtener la protección jurídica para el niño o para ayudar a perseguir penalmente a una persona sospechosa de participar en el abuso sexual infantil.
Cualquiera que sea la naturaleza del abuso, se deben tomar medidas inmediatamente para reportar el abuso y obtener ayuda. Retrasar un informe disminuye las posibilidades del niño para la recuperación completa.
Si él o ella ha sido abusado, su hijo se beneficiará de los servicios de un profesional de la salud mental calificado. Usted y otros miembros de la familia pueden buscar asesoría para que ser capaces de proporcionar el apoyo y la comodidad que necesita su hijo. Si alguien en su familia es responsable del abuso, un profesional de salud mental puede ser capaz de tratar a esa persona con éxito, también.
Si su hijo ha sido abusado, usted puede ser la única persona que puede ayudar a él o ella. No demore en reportar sus sospechas de abuso. Negar el problema sólo empeorará la situación, permitiendo que el abuso de seguir disminuye la oportunidad del niño para la recuperación completa. En cualquier caso de maltrato infantil, la seguridad de la hija abusada es de interés primordial. Él o ella necesita estar en un ambiente seguro, lejos de cualquier posibilidad de que el abuso continue.
En la mayoría de los casos, los niños que son abusados o descuidados emocionalmente sufren un mayor daño físico. Un niño que ha sido abusado o maltratado gravemente pueden deprimirse o desarrollar tendencias suicidas, de huída, o comportamiento violento. Un niño mayor puede usar drogas o alcohol, trata de huir, o de otros abusos. Mientras más joven es el niño y más estrecha la relación del niño con el abusador, es más grave el daño emocional. Como adultos, pueden desarrollar problemas matrimoniales y sexuales, depresión o comportamiento suicida.
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Jaume Guinot
Gabinete de Psicologia - Colegiado 17674
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Llegan las vacaciones de verano. Millares de familias programan sus escapadas y estalla el conflicto. La mecha la encienden niñas y niños que aún no han cumplido los 15 años. Se plantan y hacen saber a sus padres que prefieren quedarse con los amigos antes que ir de vacaciones con ellos. Es la primera gran fisura en la relación familiar, al aspirar esos hijos, en una edad muy temprana, a una independencia y libertad sin estar aún preparados para asumir ese rol de madurez. El conflicto no es nuevo, pero sí que se ha detectado (así lo revelan estudiosos de la conducta adolescente) que el plante se produce cada vez a una edad más precoz. La pubertad se ha adelantado y esa niña o niño que ya ha experimentado con el tabaco, el sexo, la droga o el alcohol anhela quedarse solo durante las vacaciones o disfrutarlas con sus amigos. La influencia del grupo atrae, también en verano, mucho más que la compañía de los padres.
Diferentes psicólogos consultados por La Vanguardia coinciden en afirmar que resulta imposible poner una edad para esa "desvinculación emocional" entre progenitores e hijos. Cada casa es un universo y cada adolescente un mundo. El plante a las vacaciones en familia es, quizás, la ruptura más radical. Pero antes de que eso ocurra han tenido que haber ya otros indicadores que marcan ese camino hacia la independencia. José Antonio Molina, psicólogo y director de Psicohealth, indica: "Cuando nuestro hijo o hija nos hace saber que no quiere ir de vacaciones con nosotros y prefiere pasar esos días con sus amigos, antes han tenido que darse ya otras situaciones de ruptura". Y pone un ejemplo: "Deja de ver el fútbol en casa para hacerlo con amigos". Es lo mismo que ocurre con las vacaciones, aunque a un nivel muy inferior.
Ángela Magaz, doctora en Psicología y directora del grupo Albor- Cohs (con sede en Bilbao y Madrid), afirma que un adolescente debe ganarse esa independencia día a día y no de golpe. Negarse a ir de vacaciones con los padres "responde a una reacción no meditada por el niño y tomada en un determinado momento sin ser consciente de las consecuencias". Magaz añade que son los padres los que deben controlar siempre la situación y se muestra muy crítica con frases tópicas como "esto es normal y lo natural porque los niños crecen ahora más rápido". Alfredo Oliva, psicólogo evolutivo de la Universidad de Sevilla, recalca que "el adelanto de la pubertad es una realidad constatada en estudios y eso explica que en la infancia se crean ya muy independientes, con tan sólo doce años". Y eso es duro para los padres –añade Oliva–, "que no tienen previsto aún desvincularse de sus hijos a esa edad tan temprana".
Vicente Martín, psicólogo conductista de Castilla y León, se muestra más contundente al afirmar que la aparición de estos conflictos a edades tan tempranas "es otra prueba de la falta de autoridad de los padres sobre sus hijos".
Esteban Cañamares, psicólogo clínico especialista en familia de la Universidad Autónoma de Madrid, indica que los padres deben saber decir "no toca", pero también "vete o quédate solo". El "no toca" hay que emplearlo cuando ese adolescente que reivindica su independencia –proponiendo quedarse en casa o pidiendo ir de vacaciones con amigos en vez de con los padres– "no está capacitado para asumir ese grado de responsabilidad". Cañamares considera un error que los padres que aceptan ese salto a la independencia de sus hijos "se encarguen de prepararle, por ejemplo, el viaje con sus amigos y de allanarle el camino, con lo que el adolescente no adquiere el nivel de responsabilidad que le correspondería". El vete o quédate en casa hay que saber decirlo, concluye Cañamares, cuando "ves que ya no eres imprescindible, tu hijo tiene otros intereses fuera de casa y está capacitado para adquirir esa independencia".
Pero no todo está perdido. Tal como aconseja José AntonioMolina, "los padres deben ser conscientes de que esas vacaciones que tanto gustaban a los hijos cuando tenían 9 años, pueden resultar muy aburridas cuando cumplen los 14". Una buena estrategia es preparar con tiempo las vacaciones de verano con los hijos y programar actividades que gusten a toda la familia.
José Antonio Molina propone, antes de romper ese vínculo familiar entre hijos y padres con vacaciones separadas, "programar diferentes pruebas con el adolescente para comprobar si es responsable y capaz de actuar de forma autónoma". Un día duerme fuera de casa, otro se le deja toda la jornada al mando del domicilio familiar, después llega una escapada de fin de semana y así hasta que llegue el día en el que se podrá quedar solo. Todos los expertos coinciden en que el momento de dejar solos a los hijos en casa es una decisión de los padres. Ellos son los únicos que deben calibrar si ese adolescente está o no preparado para empezar a volar solo.



