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¿Qué lugar ocupan el sexo y el amor en una relación de pareja?




-La frecuencia ideal del sexo en una pareja es de una vez por semana, según un estudio de la Psychological and Personality Science. ESTADOS UNIDOS.- Toda relación de pareja es diferente dependiendo muchas circunstancias como la edad, necesidades, intereses, entre otros aspectos, sin embargo, entre los pilares más importantes están el sexo y el amor. El sexo se ocupa de la parte placentera y el profundizar el conocimiento de la pareja a nivel físico, mientras que el amor, es el sentimiento o punto de enlace entre ambas personas que incluye el cariño mutuo. Muchas personas se han preguntado qué es más importante en una relación, mientras algunos se preocupan por rendir bien en el sexo, otros procuran satisfacer a nivel emocional a la pareja con detalles o muestras de afecto. Un estudio en noviembre de 2015 de la Social Psychological and Personality Science realizado a 30,000 personas en un tiempo de 40 años, reveló que la frecuencia ideal de sexo para una pareja es de una vez a la semana, mientras que una frecuencia mayor, no resulta tan significativa en la relación ni garantiza que sea duradera. La Doctora Rocío Quiroz Jacobo de la plataforma Doctoralia, señala que todo dependerá de los valores, prejuicios y el conocimiento de la sexualidad de cada quien, es decir, que la importancia del sexo y el amor deberá ser definido en prioridades por la pareja. La especialista señala que es mejor mantener un equilibrio entre ambos aspectos, lo que le brindará estabilidad en la relación, además de que es importante dejar de ver la sexualidad como solo placer y orgasmos, pues es algo más allá de lo corpóreo y es más centrado en la unión como pareja y el compartir algo especial con una persona. Hoy en el día mundial de la salud sexual cuyo tema anual es "Amor e intimidad en la salud sexual", te compartimos algunos consejos de la especialista de Doctoralia para mejorar la relación de pareja en estos dos pilares: Respeto. Es el factor más importante a considerar, no solo a nivel pareja, sino personal. El respeto por uno mismo nos dará la confianza para empezar a compartir nuestra vida con alguien más. Comunicación. El cultivar e iniciar una relación de pareja, requiere necesariamente de comunicación asertiva. En los pequeños detalles, a nivel verbal y la disposición para con la otra persona debe ser visible. Una comunicación cortada empieza por mermar una relación y a nivel sexual si no está nada claro podría poner incómodas las cosas. Cero bancos de niebla. es decir, no dar nada por hecho. El suponer o pensar "ya me debería de conocer", "ya sabe cómo pienso" da lugar a malentendidos tanto en el amor como en lo sexual, por lo que es mejor aclarar todo y generar la oportunidad para preguntar, si lo que estoy diciendo, así lo está recibiendo la otra persona, y su comunicación será cada vez más asertiva. Iniciativa. Es uno de los aspectos más valorados por la pareja, tanto en hombres como en mujeres, siempre tener la iniciativa para dar muestras de afecto, sorpresas, etc. vuelve más dinámica e interesante la relación. Confianza. Si mejoramos la confianza en nosotros mismos contagiaremos a la pareja de nuestra seguridad, lo que evitará que ambas parejas se sientan mal o haya prejuicios de por medio, sino lo contrario, habrá una apertura a experimentar nuevas cosas y a aventurarse a descubrirse uno al otro. Empatía. La empatía fortalecerá eventualmente la confianza en pareja. Inicia por sentirnos felices por la otra persona y por empezar a entenderla, además de nos ayudará en acuerdos y fortalecerá la calidad humana. Involúcrate. Sí, crea proyectos en común con tu pareja. Refresquen su día a día con iniciativa de ambos. Cada uno debe aportar evitando dejarle toda carga solo a uno de los miembros de la pareja, pues lo único que generará es frustración, aburrimiento y desamor.fuente:uniobregon.com


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Sexting entre adolescentes: prevalencia y perfil de personalidad


El sexting es la creación y el envío de mensajes de texto, fotos o videos con contenido sexual propio a través de Internet o del móvil. Son varios los posibles motivos por los que los adolescentes practican sexting: como una forma de flirteo, para explorar su identidad sexual, en el contexto de una relación de pareja o por presión social de otros adolescentes.
El sexting entre menores podría constituir un comportamiento relacionado con diferentes problemas, tales como conductas sexuales de riesgo, la generación de pornografía infantil o una mayor probabilidad de victimización online. Por ejemplo, las fotos o videos sexuales podrían ser distribuidas a terceros sin el consentimiento de quién las generó y ser usadas para chantajear o extorsionar.

A pesar de la relevancia de la problemática, en
España son prácticamente inexistentes los estudios sobre la prevalencia del sexting entre adolescentes, así como los patrones en función del sexo, la edad y la personalidad. Por ello, en este estudio analizamos la prevalencia por sexo y por edad del sexting entre adolescentes y examinamos su relación con variables de personalidad.

Con estos objetivos en mente, evaluamos una muestra de 3.223 adolescentes entre 12 y 17 años (49,9% mujeres), que participaron de forma anónima y voluntaria en el estudio. Para evaluar el sexting se empleó una versión modificada para adolescentes del Cuestionario de Sexting (Gámez-Guadix, Almendros, Borrajo y Calvete, 2015), que incluía las siguientes preguntas: "¿Has enviado fotos con contenido sexual (p.ej., desnudo/a) sobre ti?", "¿Has enviado imágenes (p.ej., a través de webcam) o videos con contenido sexual sobre ti?", "¿Has enviado información o mensajes escritos con contenido sexual sobre ti?". Para evaluar los cinco grandes factores de personalidad se empleó el GSOEP Big Five Inventory (Hahn, Gottschling y Spinath, 2012).

Los resultados del estudio indicaron que el 13,5% de los adolescentes se había implicado en alguna ocasión en sexting durante los últimos 12 meses. Se observó que el porcentaje total de adolescentes que participaron en sexting fue creciendo desde el 3,4% a los 12 años hasta el 36,1% a los 17 años.

La forma más frecuente de sexting fue el envío de mensajes escritos con contenido sexual con una prevalencia del 10,8%. El 7,1% de los adolescentes enviaron fotos y el 2,1% videos con contenido sexual. En cuanto a las diferencias de género, más varones que mujeres enviaron mensajes de texto con contenido sexual, siendo los porcentajes del 12,1% en chicos y del 9,4% en chicas. No se encontraron diferencias significativas entre chicos y chicas en el envío de fotos y videos sexuales.

En relación a los rasgos de personalidad, la alta extraversión (tendencia a ser social y buscar la compañía de los demás), la baja responsabilidad (referida a planificación y organización), una menor amabilidad (ser altruista, confiado y solidario) y un mayor neuroticismo (predisposición a experimentar emociones negativas) incrementaron la probabilidad de practicar sexting. A continuación, se explican las posibles razones para las asociaciones encontradas.

Los adolescentes más extrovertidos podrían involucrarse en mayor medida en el sexting como una forma frecuente de interactuar con otros en entornos virtuales, lo cual podría explicar la relación entre extroversión y el envío de contenidos sexuales.

El rasgo de responsabilidad se caracteriza por un mayor control de impulsos y una mayor capacidad de planificación; por su parte, practicar sexting se ha relacionado en la investigación previa con un menor control de impulsos. Además, como se ha señalado, el sexting podría conllevar diferentes riesgos como una mayor victimización.

Las personas altas en responsabilidad podrían ser más conscientes de estos riesgos y tender a evitarlos. Esto podría explicar por qué la baja responsabilidad incrementó significativamente el sexting.

Una posible hipótesis para la relación entre baja amabilidad y sexting es que las conductas de sexting, como muchas interacciones a través de las TICs, habitualmente tienen lugar de forma socialmente descontextualizada (por ejemplo, sin las claves sociales que están presentes en las interacciones cara a cara), de forma que las personas bajas en amabilidad podrían sentirse más cómodas en las interacciones a través de las TICs, principalmente si estas interacciones son sobre cuestiones sexuales.

Finalmente, el neuroticismo se ha asociado consistentemente en la investigación con una mayor implicación en diferentes comportamientos de riesgo como, por ejemplo, el consumo de sustancias. El presente estudio amplia los resultados previos mostrando una relación entre neuroticimo y sexting.

Un hallazgo inesperado fue que las orientaciones homosexual y bisexual aparecieron asociadas con una mayor práctica de sexting. Esto puede ser debido a que Internet es un medio a través del cual la comunidad LGTBI puede interactuar con mayor libertad evitando consecuencias sociales negativas. Futuros estudios deberían examinar esta cuestión.

En conclusión, parece importante comenzar a trabajar desde edades tempranas en la toma de conciencia de los posibles riesgos del envío online de contenidos sexuales propios y de las consecuencias que puede conllevar perder el control sobre ellos. Puesto que los adolescentes son más vulnerables a las consecuencias negativas del sexting, como por ejemplo el cybebullying (ser acosado a través de las TICs) o el grooming online de menores (ser contactado por un adulto con fines sexuales), es necesario educar desde el comienzo de la adolescencia en el uso responsable de Internet y los Smartphones.
El artículo completo puede encontrarse en la revista Psicothema:

Gámez-Guadix, M., de Santisteban, P., y Resett, S. (2017). Sexting among Spanish adolescents: Prevalence and Personality Profiles. Psicothema, 29, 29-34.

fuente; infocop

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¿Besos, sexo oral y penetración? Puede que estés ordenando mal tus relaciones sexuales


¿Besos, sexo oral y penetración? Puede que estés ordenando mal tus relaciones sexuales



ESCRITO PORNoelia R. Ruano

Siempre lo mismo. Nos damos cuatro besos, masturbación, sexo oral y por último, penetración. Eso es así. Vivimos esperando cuándo será el día en el que echemos un polvo y, cuando llega, solo pensamos en meterla. Porque si no, no es sexo. Las películas, los libros, el porno, la religión y absolutamente todo lo que nos han enseñado, dicho o transmitido nos ha empujado a creer que el sexo se centra en el coito y que todo lo demás son complementos que lo hacen más divertido y que nos entretienen mientras llega lo verdaderamente importante. Pero no debería ser así en absoluto. Y es que este orden establecido y sinsentido es un concepto insatisfactorio y represor para ellas, causante de un montón de disfunciones sexuales para ambos y, en general, un aburrimiento total.
Nunca te lo habías planteado

Más allá de que os haya dado un arranque y hayáis echado un polvo en la cocina o cambiando de postura del Kamasutra, es muy probable que tu pareja y tú jamás os hayáis planteado que vuestros polvos, tan convencionales y románticos, podrían estar jodiendo vuestra vida sexual. "Es algo que llevamos implantado muy dentro: de todas las películas pornográficas o no, series, libros o anécdotas de nuestros amigos hemos aprendido que el orden es ese (besos, preliminares, penetración y orgasmo) y en todas las historias el suceso final es la penetración", cuenta la sexóloga Elena Crespi.


Por eso, a veces incluso habrás dicho que has o te han 'dejado a medias' cuando has practicado sexo oral o masturbación pero no habéis follado, o puede que seas de esas personas que lo valoran como algo íntimo y que accede a los preliminares, pero que solo llega 'hasta el final' con las personas que le importan. Y además, fíjate, dejamos de ser oficialmente vírgenes cuando nos han o hemos penetrado.

¿Por qué?
Alguien en algún momento de la historia decidió que la pauta principal en el sexo sería preparar el cuerpo de la mujer para que el hombre pudiera metérsela. Y que, además, eso a ella debería gustarle muuuuucho. De hecho, esta es la única práctica que la Iglesia Católica veía con buenos ojos (dentro del matrimonio y para procrear, pero algo es algo). Todo tenía sentido y apuntaba hacia un mismo orden. Así que, si nadie nos había dicho lo contrario, ¿cómo íbamos a imaginar que pudiera no ser así? Simplemente, lo hacemos por inercia. "No es que lo pensemos de forma consciente, pero todo lo que hacemos en una relación sexual suele ir enfocado a ello: hay que calentar la vagina para que no sea incómodo ni doloroso meterla, porque es lo más importante. Y si en el camino nos divertimos, pues mejor", dice Elena.



Pero esto no va de falocentrismo machista. Sino que la cosa está implantada mucho más allá. Incluso, Elena explica, que cuando nos creemos súper modernos y pensamos en el placer de la mujer (bravo por eso) inconscientemente seguimos teniendo la penetración como objetivo final. "Ahora se ha añadido una nueva variable a ese orden sexual clásico. Algunas parejas se han dado cuenta por fin de que llegar al orgasmo al mismo tiempo es algo prácticamente imposible, y ya sea porque ella lo exige o porque a él le gusta verla gozar, optan por que ella tenga el suyo durante el sexo oral previo y, después de eso, van a por el orgasmo de él mediante el coito". Cosa que sigue sin sacarnos del patrón en el que meterla es el gran final.
Un montón de problemas sexuales

Algo que a simple vista parece tan inofensivo podría llegar a traeros, tanto en pareja como individualmente, problemas mucho más graves a largo plazo. "Hay muchísimas mujeres que se sienten insatisfechas sexualmente y ni siquiera lo saben. Puede que nunca lleguen a tener un orgasmo solo por creer que deben conseguirlo mediante la penetración cuando, en general, hay muy pocas que lo consigan así", me asegura Elena.

Esto es algo que ya les sucedía a nuestras madres y a nuestras abuelas, pero que sigue pasándoles a muchas mujeres todavía. "Parece increíble, pero tengo pacientes que admiten que fingen tanto que disfrutan como que llegan al orgasmo durante el coito solo para no ofender a su pareja", dice Elena. Pero la lista de disfunciones no se queda en la insatisfacción: también es muy común que algunas mujeres crean que tener dolor durante el coito es algo normal (suele pasar por no estar bien lubricadas), que al no hallar placer en ello dejen de sentir deseo sexual y lo eviten o que, por culpa de esto, lleguen a desarrollar disfunciones más graves como el vaginismo o la anorgásmia.



En el caso de los hombres, suelen sentirse presionados a estar siempre a punto para la penetración y que ella lo disfrute muchísimo, así que no es raro encontrar casos de disfunción eréctil o eyaculación precoz por culpa de este tipo de estereotipos.

Además, cuando sistematizamos algo no creemos que haya más por descubrir ni probar, así que ni siquiera hablamos de ello. Según Elena, "es muy común entre las parejas no contarse cómo les gusta que les toquen o qué les gustaría que el otro les hiciera, tal vez porque ni ellos mismos se lo hayan planteado. Si aprendiéramos que no es obligatorio disfrutar con este patrón sexual, se nos abrirían muchísimas puertas al placer".
Cómo lo resolvemos

Tanto si eres hombre como mujer, no sientas miedo, vergüenza ni culpa de decirle a tu pareja que te gustaría que te hiciera esto o aquello. No tenéis por qué renunciar a la penetración, obviamente, pero sí liberaros de esa presión que os obliga a incluirla en todos vuestros encuentros sexuales.



Elena aconseja que habléis y que nunca deis por sentado qué le gusta a vuestra pareja. "Si la gente supiera lo que le pasa por la mente a su pareja, se divertiría mucho más y sentiría más confianza con el otro". También le pido algún truco para empezar. "En lugar de ir directos al coito, regalaos un masaje erótico con aceite o crema. Este tipo de juegos hacen que sintáis cosas mucho más intensas y que, cuando paséis al sexo, este sea mucho más placentero" y añade que, sobre todo, nos deshagamos del orden en la cama. "Todo es sexo, así que mézclalo, repite y olvídate del tiempo".



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Antropología: sexo y pereza en Japón

Antropología: sexo y pereza en Japón

SANTIAGO ALBA RICO | Hace unas semanas, un documental emitido por la televisión española revelaba una realidad insospechada para los que amamos la cultura japonesa: el 70% de los habitantes de Japón no mantiene nunca relaciones sexuales: parejas casadas que llevan veinte años sin hacer el amor, novios castos que evitan tocarse, ejecutivos solitarios que pagan por poder acariciar… un gato.


Santiago Alba Rico – Rebelión

Podríamos pensar que se trata de una cultura puritana y reprimida o de una sociedad de disciplina "protestante", volcada en el trabajo, que ha dado la espalda a los placeres del erotismo. Pero es mucho más complicado e inquietante. Porque resulta que este Japón monacal, de pocos hijos y menos abrazos, cuenta con la más floreciente industria del sexo del mundo, con unos ingresos de 20.000 millones de euros al año que representan el 1% del PIB del país.

Aún más: no se trata sólo de la industria más potente sino también de la más refinada, la más variada, la más imaginativa y la menos púdica: las calles de Tokio ofrecen sin tapujos toda clase de reclamos publicitarios y toda clase de servicios; y sus ciudadanos los reciben y los usan con la misma naturalidad con la que comen sushi o compran el último modelo de iPhone.

¿Hay alguna contradicción o, por el contrario, una proporcionalidad directa entre la abstinencia sexual y la hipertrofia de los estímulos sexuales? La característica central de esta refinadísima industria del placer corporal es que todas sus ofertas, sus adminículos, sus imágenes y sus promesas de gozo no sólo excluyen la penetración (que es la que define la prostitución, ilegal en Japón) sino que está orientada a suprimir cualquier mediación propiamente humana.

¿Cómo decirlo? No es que en Japón estén desapareciendo las "relaciones sexuales"; lo que están desapareciendo son las "relaciones" en general mientras que el sexo sin relaciones, completamente autorreferencial, va ocupando un lugar cada vez más importante en la vida de individuos desconectados del mundo que no sienten la menor vergüenza en exhibir y proclamar esta desconexión.

Esta riquísima, civilizadísima, libérrima industria sexual —con todo su aparato escénico e instrumental— está orientada a ahorrar el trabajo de las dependencias exteriores: el cortejo, la conversación, los preliminares, el otro mismo.

Uno de los japoneses entrevistados en el documental declaraba con alegre franqueza que prefería masturbarse en una cabina con una vagina de plástico mientras veía imágenes pornográficas que acostarse con su novia: "me da mucha pereza", decía, "porque cuando estoy con ella tengo que ocuparme de su placer y prefiero ocuparme sólo del mío".

Lo extravagante de este egoísmo es que quiebra la regla antropológica básica de los últimos 15.000 años según la cual el propio placer sexual estaba asociado precisamente a la existencia de otros cuerpos y al reconocimiento, aunque fuese negativo, de nuestra dependencia de ellos. El sexo en Japón se ha emancipado de los cuerpos, esas criaturas tan inmanejables, tan incómodas, tan exigentes, tan imprevisibles.

"El infierno son los otros", decía el filósofo Jean-Paul Sartre. Los otros, sobre todo, dan pereza. Hasta ahora nos cansaba trabajar y nos cansaba también estudiar mientras que estábamos siempre dispuestos a reunirnos con unos amigos, ir a una fiesta, participar en el bullicio de una conversación, desnudar de nuevo con emoción el pecho del amado. Ahora lo que cansan son las relaciones. Sexo sí, relaciones no.

La industria sexual en Japón refleja y alimenta una sociedad de perezosos masturbadores que pagan para no tener que ocuparse de sus mujeres o de sus novias; que pagan, en definitiva, para emancipar su propio placer de cualquier contacto exterior.

El colmo de la civilización, ¿será la masturbación industrial? Tres cosas llaman la atención de esta extraña pereza cultural.
La primera, como insólita ruptura antropológica, tiene que ver con el hecho de que las imágenes y los instrumentos han absorbido por completo la intensidad de los objetos a los que aludían o sustituían. La pornografía, las muñecas, los juguetes sexuales, fuente hasta ahora de estímulo y de insatisfacción, sucedáneos irritantes del cuerpo deseado, se han convertido en el objeto mismo donde se satisface el deseo.

Esas imágenes, esas muñecas, esos juguetes, constituyen la superación completa de todas las imperfecciones y todas las molestias, al servicio ahora de un placer encerrado, como un molusco, en el propio cuerpo. En su cabina, frente a la pantalla, manipulando el artefacto de plástico, el perezoso no echa de menos el cuerpo verdadero; todo lo contrario: se siente aliviado, liberado, sexualmente colmado en su confortable negación del mundo.

La segunda cosa que llama la atención de esta ruptura antropológica es, en cambio, de orden muy tradicional: esta nueva sociedad de perezosos masturbadores sigue siendo, como la anterior, machista y masculina, y en ella la mujer ocupa no sólo un papel subalterno sino también instrumental.

La industria japonesa del sexo, que no está dirigida a las mujeres, emplea sin embargo a muchas mujeres, pero no porque los clientes pidan o necesiten cuerpos femeninos, sino porque los cuerpos femeninos, con un poco de trabajo, pueden lograr parecer imágenes, muñecas y juguetes. Los hombres se ahorran el trabajo de las relaciones; las mujeres trabajan para ahorrar a los hombres el trabajo de las relaciones.

Ciencia-ficción y patriarcado se citan en los locales de masturbación industrial de Tokio. La vieja utopía homofóbica y misógina de un mundo sin mujeres se hace realidad en estos recintos de sexo puro donde una sucesión de Unos Machos se derrite en un espacio sin Nadie.

La última sorpresa es inquietante y se refiere a la naturalidad con que los japoneses reivindican su derecho a la pereza antropológica. Hay algo muy desagradablemente machista en la bravuconería del latin-lover que se jacta en público de sus hazañas sexuales; pero uno casi siente nostalgia del macho de las cavernas, y hasta del salvaje torturador, ante la obscenidad del masturbador industrial al que sobran todos los cuerpos del mundo y que exhibe su auto-erotismo como la máxima satisfacción y la máxima evolución a la que puede aspirar un individuo humano.

Una de las ventajas del sexo es que obliga a prestar atención al otro. No cuidamos un cuerpo enfermo de buena gana, pero nos ocupamos con minucioso entusiasmo del cuerpo deseado. El amor y el deseo constituyen la única garantía irrefutable de la existencia del mundo y de nuestra dependencia recíproca en él. Un beso es una forma de materializar al otro; una caricia una marca de salvación del cuerpo ajeno.

¿Qué pasa cuando la pereza llega al extremo de cortar todo vínculo —incluso el del deseo— con un cuerpo de carne y hueso? Japón, vanguardia del capitalismo, está a punto de liberarse industrialmente de la atadura de los otros. Quizás sea bueno. Un perezoso antropológico emancipado de todas las relaciones corporales no será un maltratador doméstico ni un violador en serie ni un sádico verdugo; un masturbador satisfecho nunca será un activo destructor del mundo.

Pero un macho que se "independiza" de los cuerpos a través de la masturbación artefacta, un perezoso radical adicto a la ausencia industrial del mundo, hará muy poco por conservar ese mundo que desprecia, allí donde se encuentre en peligro, y hará en cambio todo lo que sea necesario —y sin ningún malestar o remordimiento— por conservar la industria de la que depende su independencia.

Entre la barbarie antigua, tan saludablemente asesina, y la masturbación ultra civilizada, tan bárbaramente perezosa, ¿no habrá aún alguna forma de seguir reivindicando la existencia del mundo, el amor libre, la dependencia voluntaria, el beso salvífico, el placer compartido?


fuente:questiondigital.com

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Tres normas sobre la atracción sexual


La atracción depende de muchos factores, entre ellos el sexo



Todos tenemos en nuestra vida personas con las que sabemos que jamás pasará nada. Esos amigos que son 'como hermanos'. Y por otro lado, están esas otras personas con las que claramente hay una química innegable. La complicidad entre las miradas y las sonrisas. Aunque puede que nunca pase nada, la atracción está ahí y es palpable.

La ciencia busca, desde hace mucho, una respuesta a por qué surge este tipo vinculación. "Es una sensación que va mucho más allá de los rasgos físicos y que hace referencia a la capacidad de despertar deseo sexual, de suscitar interés", indica Lara Castro-Grañén, psicóloga y directora de la Escuela de Sexualidad del Institut Gomà.

La atracción es una sensación que va mucho más allá de los rasgos físicos y hace referencia a la capacidad de despertar deseo sexual"


LARA CASTRO-GRAÑÉN
Psicóloga y directora de la Escuela de Sexualidad del Institut Gomà

Son muchos los factores que intervienen en la atracción sexual. Es una emoción compleja y en el caso de las mujeres es más amplia que la del hombre, según concluye Satoshi Kanazawa, psicólogo especializado en evolución, tras estudiar durante diez años la orientación sexual de jóvenes estadounidenses.
Tanto hombres como mujeres pueden ser sexualmente fluidos(término acuñado por el investigador japonés para designar una sexualidad libre de restricciones de género), pero es más común en las mujeres pasar sin problemas de una identidad heterosexual a una homosexual o una bisexual.




Muchos aspectos intervienen en la manifestación de la atracción sexual (martin-dm / Getty)

La sexualidad femenina es más amplia

"Las mujeres podrían no tener orientaciones sexuales de la misma manera que los hombres", ha explicado Kanazawa. "En vez de ser heterosexual u homosexual, la persona que atraiga sexualmente a una mujer puede depender de una pareja en concreto, de su estatus reproductivo o de otras circunstancias", sostiene el psicólogo.

Lara Castro-Grañén complementa las conclusiones de Kanazawa añadiendo una influencia muy extendida en la sociedad occidental: haber crecido con una "educación sexual y afectiva basada en estereotipos de género, donde se perpetúa un modelo en que, desde una mirada heterosexual, se aceptan más las relaciones entre dos mujeres que entre dos hombres".
Es más común en las mujeres pasar sin problemas de una identidad heterosexual a una homosexual o una bisexual.

Estudios anteriores al de Kazawa (el japonés publicó los resultados el pasado mes de mayo en Biological Reviews), como los de Meredith L. Chivers, ya pusieron de relieve, empleando otros métodos, que la atracción femenina, sobre todo a nivel fisiológico, distingue menos entre hombres y mujeres. Se manifiesta con independencia del género sobre quien recae.

Atracción por los semejantes

Otros estudios que han analizado la idiosincrasia de la atracción sexual han visto que, por norma, nos sentimos atraídos por personas que se nos parecen. "Hay investigaciones que afirman que esto es debido a la sensación de familiaridad y confianza que nos produce ver estos rasgos similares", indica Castro-Grañén.




Las mujeres tienen menos reparos en sentirse atraídas por otras mujeres y por hombres a la vez (Christopher Futcher / Getty)

En unos experimentos con montajes fotográficos, las personas estudiadas sentían mayor atracción sexual por las imágenes en las que, sin que ellos lo supieran, había rasgos suyos. La atracción incluso se activó al ver imágenes en las que, subliminalmente, aparecían sus progenitores (del sexo opuesto a la persona analizada), lo que lleva a la pregunta de si nos sentimos atraídos por nuestros padres.

Ciclo menstrual y atracción sexual

Finalmente, otros estudios han demostrado que, en función del momento del ciclo menstrual de la mujer heterosexual, su atracción sexual se manifiesta sobre un tipo de hombre u otro.

La sensación de familiaridad y confianza que nos produce ver rasgos nuestros en otros despierta la atracción sexual, así, en los días más fértiles, prefieren a hombres con un físico claramente masculino y facciones simétricas. También durante los días de fertilidad la mujer siente mayor atracción sexual por su pareja. E incluso algunos estudios señalan que ellas se sienten más atraídas por otros hombres que no son su pareja cuando están en el punto fértil de su ciclo menstrual.

Por el contrario, en los días no fértiles del ciclo, la atracción sexual disminuye o se centra más en la pareja estable.



La atracción sexual de la mujer cambia según el momento del ciclo menstrual (PeopleImages / Getty)

fuente: lavanguardia



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Como disfrutar del sexo con sobrepeso


Las personas con sobrepeso tienen algunos problemas durante su vida íntima, al no encontrar las posiciones sexuales correctas para su desempeño y placer. Esto se debe a que los individuos deben contar con una buena condición física y flexibilidad para experimentar cualquier postura.




No obstante, si padeces sobrepeso y quieres mejorar tu vida sexual, sólo debes poner en práctica las siguientes posiciones sexuales, que además de incrementar la libido podrás quemar calorías.

1.- Misionero reloaded: Esta es una de las más famosas posiciones sexuales, sin embargo, aquellas personas con sobrepeso pueden utilizar las almohadas como apoyo. Coloca par de cojines debajo de los glúteos de tu pareja hasta que la vagina se encuentre en un ángulo que facilite la penetración.

2.- Movimiento lateral: La mujer se debe acostar en posición fetal, coloca unas almohadas debajo de su cadera. Tú ponte de rodillas y penetra con cuidado. De esta manera tendrás el control del movimiento y del placer.

3.- Invertidos: El hombre debe acostarse boca arriba, coloca algunas almohadas debajo de los glúteos y flexiona un poco las piernas, dejando los pies sobre la cama. La mujer debe colocarse encima de él, cuidando que su peso quede sobre sus brazos y piernas. Traten de encontrar una coordinación rítmica. Con esta posición sexual se genera una gran estimulación del clítoris.

4.- Piernas voladoras: Es una posición sexual similar a la del misionero. La mujer debe acostarse boca arriba sobre algunas almohadas. El hombre debe arrodillarse y antes de penetrar debe colocar las piernas de su pareja sobre sus hombros.

Recuerda que el sexo es uno de los mejores ejercicios para quemar calorías, sólo debes probar diferentes posiciones sexuales y elegir las que más los hagan sentir cómodos.

No olvides que la autoestima es importante para disfrutar de una sexualidad plena, así que nunca dudes en expresar tus sentimientos o gustos a tu pareja. Además, no dejes a un lado el preámbulo de caricias y besos, los cuales incrementan la intensidad de los orgasmos.


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Asexuales: ¿La cuarta orientación sexual?

Varios asexuales explican por qué reclaman ser reconocidos como una opción sexual, equiparable a la heterosexualidad, la homosexualidad o la bisexualidad

Rafael, de orientación asexual, posa en una plaza de Madrid. KIKE PARA

La pajarita de Rafael es más que una cuestión estética. Sus colores (gris, negro, blanco y morado) simbolizan quién es, y lanzan un mensaje claro: soy asexual. No célibe, ni casto, ni inmaduro, ni impotente. Tampoco inexperto o traumatizado. Simplemente, no experimenta atracción sexual. Algo que, según los estudios llevados a cabo por el sexólogo Anthony F. Bogaert, le ocurre a un 1% de la población, unas 70 millones de personas en todo el mundo.

Al principio, eran una incógnita dentro de la ecuación del deseo. El pionero informe Kinsey los definió como "X" en su escala, porque sentían nula atracción hacia hombres y mujeres. Los colores que ahora enarbolan para visibilizarse, homenajean el trabajo del sexólogo: "Cada uno simbolizauna de las opciones y el morado, la comunidad", explica Rafael. Él, astrofísico de 27 años, también fue una incógnita para sí mismo. En la adolescencia se sabía diferente al resto, porque no atravesó el clásico despertar sexual. No le interesaban los chicos ni las chicas. Murmuraban que era "rarito" u homosexual, pero no le preocupaba en exceso. "En el colegio sufrí bullying, así que cuando llegué al instituto me daba igual lo que me dijeran", aclara.

Google le puso nombre a lo que le ocurría: era asexual. "No fue un descubrimiento traumático, simplemente supe que era algo perfectamente normal que le ocurría a mucha más gente", dice. "Cuando estoy en la discoteca y el resto ven a alguien atractivo, dicen eso de 'yo me acostaría con él o ella'. A mí no me pasa, puedo decir que es atractivo, o guapo o simpático, y que me gustaría estar con ella con sofá, peli y manta. Pero no me sale el 'melofo' ese", aclara.

Sientes que tienes que aparantear deseo sexual para encajar con los demás


También descubrió que existía una amplia comunidad virtual de asexuales, Asexuality Visibility and Education Network (AVEN) y su filial para hispanoablantes, AVENes, que compartían experiencias y vivencias de una orientación poco conocida y muy proclive a falsos mitos. "Te sientes muy alienígena, porque no puedes empatizar con los demás. Sientes que tienes que fingir o aparentar para encajar", cuenta Marcia, una chica asexual amiga de Rafael. Aunque estudiaban en la misma universidad, ambos entraron en contacto por uno de sus foros, hablando sobre Naoko, un personaje de la novela Tokio Blues de Haruki Murakami. "Es un retrato 200% realista. Ella se echa la culpa de no poder tener sexo con su novio, e incluso intenta tener una relación con una chica, y tiene episodios de sexo no claramente consentido... es una asexual de libro", dice Marcia.
Asexual no significa "nada de sexo"

Ambos han tenido relaciones de pareja, pero ninguna satisfactoria. "Yo solo tuve una, y no hubo relaciones sexuales pero tampoco fue un problema, porque aunque no lo supiera creo que la otra persona también era asexual. Así que yo nunca me he sentido forzado en ese sentido, he tenido suerte", explica Rafa. Para ella, la situación fue diferente. En su segunda relación ya ponía nombre a lo que le ocurría, y su novio se esforzó por entenderlo y respetarla: "Pero aún así, sientes una presión social muy grande, por parte de la familia, del entorno.. cosas que potencian que cualquier momento en el que se ponga especialmente pesado, cedas, porque sientes que eres una mala pareja o que tu amor vale menos si es incompleto", asegura. Otros casos, como el del antropólogo Javier León, autor del libro Asexualidad: ¿se puede vivir sin sexo?, evidencian que la vida de pareja y la asexualidad son perfectamente compatibles.

Ellos ejemplifican lo heterogéneo del colectivo, al que es un error encapsular en unas tendencias delimitadas. Hablamos de un espectro amplio que incluye una infinidad de variantes que empiezan por separar dos conceptos que social e históricamente están ligados: la atracción sexual y la romántica. Para ellos, no lo están. Pueden, como Marcia, no tener interés sexual y sí romántico en sus relaciones (alorrománticos) o experimentar atracción sexual solamente cuando hay un lazo emocional (demisexuales). Un glosario complejo, que suele ser pasto de reduccionismos. "Se admite que puede haber gente desinteresada en el sexo. Lo que ocurre es que se simplifica el no sentir atracción sexual y se equipara a un comportamiento no sexual y de ahí una vida de monje", aclara Marta Torca, activista de la asociación.

Muchos asexuales, de hecho, mantienen relaciones habitualmente. Bien por complacer a su pareja, por procrear o porque, en determinadas situaciones, sí que llegan a sentir deseo esporádico (los grisexuales). Y pueden disfrutar del sexo. "Además, ahí entran en juego lo que consideremos relaciones sexuales, porque no todo se reduce al coito", precisa Rafa. La masturbación tampoco es ningún tabú: "A veces puedes hacerlo por una necesidad fisiológica, pero no evocas a una persona ni a una situación", explica. Marcia añade una metáfora: "Una vez alguien lo definió como cuando tienes muchas ganas de comer, pero vas a la nevera y al abrirlo ves que no te gusta nada. Algo así", dice. Son conscientes de que la batalla de la comprensión se presenta larga: "La asexualidad es muy diversa y hacer llegar esa diversidad va a costar. Hacer entender que una persona puede tener relaciones sexuales, pareja que sí sienta atracción sexual, masturbarse, tener impulso sexual (diferente de atracción) y aún así seguir siendo asexual", apunta Torca.
Algunos sexólogos llegan a recomendar que te fuerces a ti mismo a tener sexo para curarte

Activismo y visibilización

Hace un año, la comunidad virtual empezó también a organizar quedadas presenciales. Pero Marcia y Rafa detectaron una falla importante, aunque solo parezca un matiz: "Se convocaba a gente con asexualidad, no a asexuales. Como si fuera un problema o algo que padeces", recuerda ella, dibujando en el aire las tres letras de la preposición. Ese fue el germen de la asociación que fundaron en febrero de 2016, la primera de España: Asexual Community España (ACE), enfocados a la visibilización y el activismo del colectivo. Pretenden luchar, entre otras cosas, contra esa preposición maldita. Y contra los tratamientos que tratan de corregir su condición: "Algunos sexólogos llegan a recomendar que te fuerces a ti mismo a tener sexo para curarte", apunta Marcia.

En 2013, la asexualidad dejó de ser considerada trastorno por el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-IV), pero según denuncian, siguen existiendo profesionales que lo prescriben como patología. Y ponen ejemplos: "Hace poco una unión de sexólogos publicó un artículo afirmando que los asexuales teníamos un error de concepto, y un trastorno larvado en la infancia. Incluso nos han comparado con estrellas de mar", dice Marcia. Ellos apelan a estudios como el de la sexóloga Lori Brotto o Bogaert, que desmitifican una de las ideas más extendidas. La que sostiene que la asexualidad está motivada por algún trauma.

Los asexuales sufren el cuestionamiento constante de su condición
Algo que también detectan en el ámbito social. Los asexuales se sienten continuamente cuestionados, porque la incredulidad es la reacción dominante cuando confiesan que no experimentan atracción sexual: "Eso no puede ser", "es que no has tenido una buena experiencia", "no has conocido a la persona adecuada", "¿no serás homosexual?", "¿te has mirado las hormonas? Igual es un problema de líbido", son las preguntas que les desgastan a diario.

Por eso acogen con agrado iniciativas como la del anuncio de colchones Flex, que trataba de ahuyentar ciertos tópicos que arrostran los asexuales, como que sufren aversión al sexo. Además, la campaña ayudó a acercar la realidad a mucha gente que, por cuestiones generacionales, no formaba parte de la comunidad virtual y desconocía incluso el concepto: "Nos ha escrito una mujer de 50 años que conoció la asexualidad por eso, y se sintió identificada. Nunca le había puesto nombre, y lleva toda una vida forzando el deseo, con hijos y marido, pero sin entenderse a sí misma. Es una vivencia que si la vives en soledad, puede llegar a ser alienante", dice Marcia.

En una sociedad hipersexualizada, afirman que los hombres se llevan la peor parte, aunque tampoco es sencillo para las mujeres: "La idea de la masculinidad está muy asociada con el sexo, el que no lo tiene parece que es menos hombre. Una chica puede quitarse a un plasta de encima y sale aplaudida porque está ejerciendo su libertad a decir no. Pero si una chica guapa se insinúa a un chico, le dice que no y al momento es maricón y tiene que aguantar bromas y pullas", explica Marta Torca. El propio Rafa afirma vivir situaciones muy similares: "A una chica particularmente insistente, le tuve que decir que se iba a ir con el calentón a casa", recuerda.

Además de liberar de estigmas al colectivo, su agenda política es más ambiciosa: buscan ser reconocidos como la cuarta orientación. "Consideramos la asexualidad como una orientación sexual equiparable a homosexualidad, bisexualidad o heterosexualidad. Es una idea que ya viene del año 1979, con el modelo de Storms", dice Torca. Estiman que si no se abre el marco de la diversidad sexual, siempre estarán al margen. Marcia vuelve a echar mano de las metáforas: "Si tú eres calvo y te preguntan tu color de pelo, puedes decir: soy calvo como color de pelo, o es que no tengo pelo. Lo mismo ocurre con la orientación, que tiene que reconocerse. Nos gustaría que existiese como opción: porque si eres calvo no eres ni pelirrojo ni moreno ni rubio. Eres calvo". Los asexuales ya no son ninguna "X", pero aún tienen incógnitas que despejar.

fuente: elpais.com



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¿Cuáles son los complejos sexuales más comunes?

"Vas por ahí diciendo que la tengo muy pequeña", cantaba Javier Krahe en alusión a un complejo muy masculino. Pero hay otros.


Algunos tienen que ver con momentos traumáticos concretos o relaciones tóxicas que destruyen la seguridad en uno mismo y minan la autoestima. Otros se derivan de factores físicos (defectos, tamaño de ciertas partes implicadas…) y problemas de aceptación del propio cuerpo. Pero la mayoría de estas inseguridades de índole sexual son culturales, debido a que muchas personas asumen que la sociedad les exige un determinado rendimiento en la cama, lo que produce una gran presión psicológica que lleva a desarrollar un complejo.
Entre los hombres, los complejos más habituales tienen que ver con el miedo a no poder alcanzar una erección –el temido gatillazo– y la inseguridad respecto al tamaño del pene. Entre las mujeres, algunos complejos tienen que ver con elaspecto físico –estar gorda–, otros con el atractivo erótico–pechos pequeños– y otros con la destreza en el desempeño sexual –miedo a que el compañero piense que es sosa en la cama– o con la incapacidad de llegar al orgasmo.
El principal problema de sufrir alguno de estos traumas es que la inseguridad lleva a la auotobservación obsesiva. En lugar de dejarse llevar tranquilamente y disfrutar del sexo, uno se dedica a verse desde fuera y eso hace perder fluidez y relajación en las relaciones.
fuente: muyinteresante
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Masajes eróticos para reactivar la pasión

En un tiempo el que tenemos tantas preocupaciones en nuestra vida, sobretodo llegar a fin de mes, o a mediados, y donde los problemas no paran de crecer, uno de los ámbitos de nuestra vida que más sufre es nuestra relación de pareja. Todos estos problemas y la propia rutina del día a día pueden hacer que caigamos en un agujero del que es difícil salir y que puede acabar con el amor y con la pasión que hasta no hace mucho podíamos sentir y disfrutar.

Sin embargo debemos emplear todas nuestras fuerzas y esfuerzo en hacer que esto no pase y para eso es fundamental que pongamos remedio antes de que sea demasiado tarde. A pesar de todos los problemas que podamos tener en nuestra vida y en nuestro día a día, debemos tomarnos un tiempo para disfrutar con nuestra pareja.

Una de las mejores técnicas para mantener viva la llama de la pasión es realizar masajes eróticos a nuestra pareja para que acabe de enloquecer por nosotras. Para ello lo primero que debemos hacer es preparar un ambiente íntimo que invite a la pasión. Encender velas aromáticas por toda nuestra habitación, llenar todo de pétalos de rosa, preparar una rica cena… Son solo algunas ideas para preparar el ambiente.

A la hora de realizar nuestros masajes eróticos, podemos emplear diferentes productos como aceites aromáticos que ayuden a encendernos. Estos productos pueden adquirirse en cualquier sex shop y los hay de diferentes olores y sabores, además de otorgarnos sensaciones térmicas que ayudarán a excitarnos.

Para los más tradicionales o los que no confíen en estos productos, nada mejor que comenzar el masaje rociando el cuerpo de nuestra pareja con nata o chocolate, según nuestros gustos. De este modo conseguiremos volver loca a nuestra pareja y disfrutar de esos momentos de pasión desenfrenada.



fuente:diversexual.com



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Como elevar el deseo sexual femenino


¿Alguna vez has experimentado una disminución en el deseo sexual? Existen muchas emociones y contextos que impactan la vida íntima femenina, como el embarazo, la menopausia, enfermedades y la ingesta de medicamentos, lo que genera angustia y estrés en las mujeres.
De acuerdo con los expertos de Mayo Clinic, al cambiar el estilo de vida y poner en práctica algunas recomendaciones, se puede recuperar el deseo sexual y tener una intimidad placentera. Por ello te damos los siguientes consejos:

1.- Ejercítate: Las actividades aeróbicas regulares y el entrenamiento de fuerza pueden aumentar tu resistencia, mejorar tu imagen corporal, elevar tu estado de ánimo y aumentar tu deseo sexual.

2.- Relájate: Busca alguna terapia que te ayuda de relajarte y eliminar el estrés laboral, financiero y personal, que influye directamente en tu estado de ánimo. Trata de solucionar lo más pronto posible tus problemas cotidianos para disminuir la tensión.

3.- Exprésate: A veces, la disminución del deseo sexual puede ser bochornosa; sin embargo, la comunicación abierta y honesta crea una emocional muy fuerte con la pareja, lo cual puede ayudar a tener un mejor sexo. Habla de tus gustos y lo que te molesta en la intimidad.

4.- Dedica más tiempo a la intimidad: Haz de tu vida sexual una prioridad. Tal vez suene aburrido y artificial programar una cita sexual en tu calendario, pero al principio es muy necesario. Una vez que hayas recuperado tu deseo sexual, trata que los encuentros con tu pareja sean espontáneos.

5.- Añade sabor: Cada encuentro sexual prueben una posición diferente. Manténganse abiertos a la experimentación con juguetes o fantasías sexuales, los cuales ayudan a reavivar la pasión.

Algunas veces los prejuicios afectan a la vida íntima y eso genera un bajo deseo sexual, por eso es necesario que las personas que lo padecen acepten el problema y busquen ayuda profesional para superarlo.

La disminución del deseo sexual no sólo afecta a una persona, sino que impacta en la pareja, porque puede generar rechazo o baja autoestima. Traten de buscar actividades que no se enfoquen sólo acceso, sino que les generen placer y satisfacción personal.

fuente:diversexual.com



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