El asco en los 5 sentidos

Las personas usamos los cinco sentidos para comunicarnos con el exterior. Los ojos, la boca, la nariz, las orejas y la piel nos dan información sobre todo aquello que nos rodea. Los sentidos nos facilitan la comprensión del mundo, ya que suponen la única herramienta que poseemos para relacionarnos con el entorno. Las sensaciones son el resultado de todo lo que percibimos a través de los sentidos. Sin duda, las emociones, tanto básicas como secundarias, están vinculadas íntimamente con las sensaciones.
Especialmente, el asco es una emoción básica que está determinada y ligada estrechamente a nuestros sentidos. Podemos sentir asco por algo que olemos, como la basura. Podemos sentir asco por algo que hemos ingerido en mal estado, como pescado podrido. Podemos sentir asco por el roce de algún insecto u animal, como ratas o cucarachas. Podemos sentir asco al ver a alguien vomitando o en condiciones poco higiénicas. O podemos sentir asco por ciertos sonidos, como el zumbido de las moscas. Es decir, en general el asco viene precedido por algún tipo de sensación.
Dado que todo aquello que nos da asco provoca sensaciones bastantes desagradables, nuestro cuerpo siempre intenta no volver a pasar por dichas experiencias. Esto significa que el asco es una emoción que ha de quedarse grabada muy rápido en nuestro cerebro. Por lo tanto, el asco es una señal de alarma inmediata que hace que nuestro cerebro preste mucha atención aquello que nos causa dicha emoción. La reacción inmediata es alejarnos del estímulo, al mismo tiempo que nuestra memoria retiene la información de que estamos ante un estímulo nocivo que debemos rechazar siempre que se nos presente. Esto a la larga será adaptativo pues evitará que en un futuro nos vuelva a suceder lo mismo.
En ocasiones el asco es una emoción tan fuerte que al verla en otro individuo comenzamos a sentirla nosotros también. De manera que aquello que causa asco en los demás tenderemos a rechazarlo y a considerarlo asqueroso. Por simple observación nuestro cerebro es capaz de etiquetar un estímulo como desagradable o aversivo. Por supuesto, ésto no ocurre en todas las ocasiones ni en todas las personas. Existen personas más susceptibles que otras al asco y sensaciones que dan más asco a unas personas que a otras. Quizá se puede decir que hay personas más sensibles a unos sentidos que a otros, en vuestro caso ¿Qué sentido os provoca más asco? ¿Qué sensaciones consideráis más asquerosas?

Jaume Guinot - Psicoleg col·legiat 17674
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