Originalmente publicado en Revista Carrusel
Son varias las formas en que los padres pueden llevar a sus hijos a la consulta de un psicólogo. La mayoría de las veces es a partir de una derivación del psicólogo del colegio que recomienda una evaluación o terapia psicológica por alguna conducta problemática del niño. Otras veces la visita se produce por una motivación personal de los padres, que detectan alguna situación que pueda estar provocando algún conflicto en el hijo, y que buscan ayuda especializada para evaluar o tratar dicho conflicto.
Cualquiera sea el motivo que lleva a consultar a los padres, hay una condición de base que puede dificultar esta experiencia de apoyo psicológico. Esta es, la creencia de los padres que este procedimiento no los involucra personalmente y que tiene que ver exclusivamente con algo que le pasa al hijo.
Este tipo de creencias puede tener su origen en la existencia, en nuestra sociedad, del técnico o especialista que domina una materia compleja, y que tiene el conocimiento y la experiencia para tratar dicho problema. Lo vivimos cotidianamente, cuando vamos a un médico a tratarnos una infección, o cuando llevamos el auto a taller para una revisión técnica.
El problema radica en que el mundo psicológico se rige por otras reglas. Los conflictos, traumas, síntomas, o cualquier expresión psíquica de problemas, involucran directamente a la persona. El individuo es, en cierta medida, participante principal de la problemática que lo aqueja. Probablemente hemos escuchado la frase "para mejorarte tienes que poner fuerza de voluntad", que suele recaer en alguien que está deprimido.
En el caso de los niños, la situación se complejiza aún más. El niño o joven tienen la particularidad de no ser un sujeto diferenciado. En la infancia más temprana el bebé depende absolutamente de su ambiente y los cuidados que éste le brinde. Al crecer, esta dependencia va siendo cada vez menor, pero todavía existe con mucha fuerza, especialmente en niños pequeños e incluso en púberes y adolescentes.
Si hablamos de un niño, no hablamos de un sujeto independiente, sino que de un sujeto que se hace a partir de los que le rodean. Naturalmente la familia cercana es clave en el ser de ese niño. De acuerdo a lo anterior, si un niño presenta una dificultad psicológica, es irreal pensar que aquella dificultad lo involucra sólo a él. Probablemente esa dificultad tenga que ver con su entorno.
Una condición de base que facilita el proceso de evaluación y tratamiento psicológico es la capacidad de los padres o entorno de entender y asumir esta característica psicológica infantil, lo cual no es tarea fácil, pues mirar las dificultades del niño probablemente implique mirar las dificultades propias. Sin embargo, si el trabajo psicológico continúa en el tiempo es muy probable que junto con el alivio del hijo, se fortalezca algo más relacionado con su entorno familiar, lo que a fin de cuentas es una garantía para el desarrollo emocional de la familia completa.
Alejandro Caravera
"Soy psicólogo clínico, mi área de trabajo es la psicoterapia de adolescentes y adultos. Me interesó colaborar para la Revista Carrusel, porque creo fundamental poder pensar en temas de la vida cotidiana desde un punto de vista más reflexivo. Me interesa llevar los temas de psicología al diario vivir, pensando en las dinámicas que ocurren al interior de las familias, núcleo de la socialización de las personas".
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