La comorbilidad entre la adicción y otros trastornos mentales

¿Qué es la comorbilidad?

La "comorbilidad", también conocida como "morbilidad asociada", es un término utilizado para describir dos o más trastornos o enfermedades que ocurren en la misma persona. Pueden ocurrir al mismo tiempo o uno después del otro. La comorbilidad también implica que hay una interacción entre las dos enfermedades que puede empeorar la evolución de ambas.
¿La drogadicción es una enfermedad mental?

Sí. La adicción cambia al cerebro de manera fundamental, interrumpiendo la jerarquía normal de las necesidades y los deseos, y sustituyéndolos con nuevas prioridades relacionadas con la obtención y el consumo de drogas. Los comportamientos compulsivos resultantes, que debilitan la capacidad para controlar los impulsos a pesar de las consecuencias negativas, son similares a las características básicas de otras enfermedades mentales.
¿Con qué frecuencia se da la comorbilidad entre la drogadicción y otras enfermedades mentales?

Muchas de las personas adictas a las drogas también reciben el diagnóstico de otros trastornos mentales y viceversa. Por ejemplo, en comparación con la población en general, los toxicómanos tienen el doble de probabilidad de sufrir trastornos en sus estados de ánimo o niveles de ansiedad, lo cual también puede suceder a la inversa.
¿Por qué a menudo estos tipos de trastornos son concurrentes?

Aunque los trastornos de la drogadicción suelen ocurrir concurrentemente con otras enfermedades mentales, esto no quiere decir que una causa la otra, aun cuando una de ellas aparezca primero. De hecho, puede ser difícil establecer cuál de las enfermedades vino primero y por qué. Sin embargo, las investigaciones sugieren las siguientes posibilidades como razones por las que es común que estas enfermedades se den de manera concurrente:
El abuso de drogas puede provocar los síntomas de otra enfermedad mental. El hecho de que algunos usuarios de marihuana con vulnerabilidades preexistentes exhiban un mayor riesgo de desarrollar psicosis sugiere esta posibilidad.
Los trastornos mentales pueden conducir al abuso de drogas, posiblemente como una forma de "automedicación".Por ejemplo, los pacientes que sufren de ansiedad o depresión pueden depender del alcohol, el tabaco u otras drogas para aliviar temporalmente sus síntomas.

Estos trastornos también pueden ser causados por factores de riesgo compartidos, tales como:
La superposición de vulnerabilidades genéticas. Hay factores genéticos que pueden predisponer a una persona a que sea susceptible tanto a la adicción como a otros trastornos mentales o que tenga mayor riesgo para un segundo trastorno una vez que aparezca el primero.
La superposición de factores desencadenantes en el entorno. El estrés, el trauma (tal como el abuso físico o sexual) y la exposición temprana a las drogas son factores comunes en el entorno que pueden conducir a la adicción y a otras enfermedades mentales.
La participación de regiones similares del cerebro. Por ejemplo, los sistemas del cerebro que responden a la gratificación y al estrés se ven afectados por las drogas y pueden mostrar anomalías en los pacientes con ciertos trastornos mentales.
Los trastornos por consumo de drogas y otras enfermedades mentales son trastornos del desarrollo. Esto significa que a menudo comienzan en la adolescencia o incluso a una edad más temprana, que son los periodos cuando el cerebro experimenta cambios radicales en su desarrollo. La exposición temprana a las drogas también puede cambiar el cerebro de tal manera que el riesgo de sufrir trastornos mentales sea más alto. Además, cuando existen síntomas tempranos de un trastorno mental puede ser una indicación de que exista un mayor riesgo de toxicomanías más adelante.
¿Cómo se diagnostican y se tratan estos trastornos comórbidos?

La alta tasa de comorbilidad entre los trastornos por consumo de drogas y otras enfermedades mentales requiere de un enfoque integral que identifique y evalúe a ambos trastornos. Consecuentemente, cualquier persona que busca ayuda para una toxicomanía u otro trastorno mental, debería ser examinada y tratada para ambos trastornos simultáneamente.

Existen varias terapias conductuales prometedoras para el tratamiento de los trastornos comórbidos. Se pueden ajustar estos enfoques para tratar a los pacientes de acuerdo a su edad, la droga específica que consumen y otros factores. Algunas terapias han mostrado ser más eficaces para tratar a los adolescentes mientras que otras han mostrado mayor eficacia en el tratamiento de adultos; ciertas terapias están diseñadas para las familias y los grupos, mientras que otras lo están para las personas individuales.

Si bien existen varios medicamentos para tratar la adicción a los opioides, el alcohol y la nicotina y para aliviar los síntomas de muchas otras enfermedades mentales, la mayoría de ellos no han sido estudiados a fondo en poblaciones de pacientes con enfermedades comórbidas. Algunos medicamentos pueden ayudar a aliviar varios problemas. Por ejemplo, hay evidencia que sugiere que el bupropión (también conocido por sus nombres comerciales como Wellbutrin o Zyban), que fue aprobado para tratar la depresión y la dependencia a la nicotina, también puede ayudar a reducir el deseo vehemente y el consumo de las metanfetaminas. Sin embargo, aún se requieren más investigaciones para comprender mejor cómo actúan estos medicamentos, especialmente cuando se usan, solos o en forma combinada, en personas con enfermedades comórbidas.
Para más información

Para más información en inglés sobre la comorbilidad entre las toxicomanías y otras enfermedades mentales, puede ir a:
"Comorbidity: Addiction and Other Mental Illnesses" de la Serie de Reportes de Investigación del NIDA.
El documento del NIDA "Topics in Brief: Comorbid Drug Abuse and Mental Illness" (en inglés).
El Instituto Nacional de Salud Mental, de los Institutos Nacionales de la Salud, en la página: www.nimh.nih.gov. Sus publicaciones en español se encuentran en:www.nimh.nih.gov/health/publications/espanol/index.shtml.
Fuente: http://www.drugabuse.gov/
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Los cigarrillos y otros productos que contienen tabaco

El consumo de tabaco es la principal causa prevenible de enfermedad, discapacidad y mortalidad en los Estados Unidos. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), cada año el hábito de fumar cigarrillos causa más de 443,000 muertes prematuras en los Estados Unidos, es decir, alrededor de 1 de cada 5 muertes en este país.1 Además, otras 8.6 millones de personas sufren de alguna enfermedad grave causada por el tabaquismo.2 Esto quiere decir que por cada persona que muere a causa del tabaco, otras 20 más sufren de al menos una enfermedad grave relacionada con el mismo.2

Los efectos nocivos del tabaco se extienden mucho más allá del fumador. La inhalación pasiva del humo puede causar enfermedades graves y la muerte. Cada año, se calcula que alrededor de 126 millones de personas en los Estados Unidos están expuestas regularmente al humo de otros fumadores y así casi 50,000 personas que no fuman mueren de enfermedades causadas por haber estado expuestas a la inhalación pasiva del humo.3
¿Cómo afecta el tabaco al cerebro?

Los cigarrillos y otras formas de tabaco, incluidos los cigarros o puros, el tabaco de pipa, el tabaco en polvo o rapé ("snuff") y el tabaco de mascar, contienen nicotina. La nicotina es una droga adictiva que se absorbe fácilmente en la corriente sanguínea al mascar, inhalar o fumar un producto de tabaco. Un fumador típico inhala 10 veces en el lapso de 5 minutos que el cigarrillo está encendido. De tal manera, una persona que fuma 1.5 cajetillas (30 cigarrillos) por día, recibe 300 inhalaciones de nicotina diarias.

Una vez en la corriente sanguínea, la nicotina inmediatamente estimula las glándulas suprarrenales las que liberan la hormona adrenalina. La adrenalina estimula el sistema nervioso central y aumenta la presión arterial, la respiración y la frecuencia cardiaca.

Al igual que la cocaína, la heroína y la marihuana, la nicotina aumenta los niveles de dopamina. La dopamina es un neurotransmisor que afecta las vías de gratificación y placer del cerebro. En el caso de muchos de los consumidores de tabaco, los cambios a largo plazo en el cerebro inducidos por la exposición crónica a la nicotina resultan en la adicción, una enfermedad que se caracteriza por la búsqueda y el consumo compulsivos de la droga a pesar de las consecuencias negativas que esto conlleva. Los estudios sugieren que el humo de tabaco contiene compuestos adicionales como el acetaldehído que pueden aumentar los efectos de la nicotina sobre el cerebro.4

Cuando una persona adicta a la nicotina trata de dejar el hábito, pasa por los síntomas del síndrome de abstinencia, entre ellos, irritabilidad, dificultad para prestar atención, perturbaciones en el sueño, aumento de apetito y un deseo vehemente por el tabaco. Hay tratamientos que pueden ayudar a los fumadores a controlar estos síntomas y mejorar la probabilidad de que dejen el hábito.
¿Qué otros efectos adversos a la salud tiene el tabaco?

Alrededor de la tercera parte de todos los tipos de cáncer, incluyendo el 90 por ciento de los cánceres de pulmón, se deben al hábito de fumar cigarrillos. El tabaco sin humo (como el tabaco de mascar y el tabaco en polvo) también aumenta el riesgo de cáncer, especialmente el cáncer oral. Además del cáncer, el tabaquismo causa enfermedades de los pulmones tales como la bronquitis crónica y el enfisema. Asimismo, aumenta el riesgo de enfermedades cardiacas, incluyendo los ataques al cerebro o al corazón, enfermedades vasculares y aneurisma. También se ha encontrado una conexión entre el fumar tabaco y la leucemia, las cataratas y la neumonía (pulmonía).1,5 En promedio, los adultos que fuman mueren 14 años antes que los que no fuman.1

La nicotina causa adicción y puede ser tóxica si se ingiere en dosis altas pero no causa cáncer; son otras sustancias químicas las que son responsables de la mayoría de las consecuencias graves para la salud que conlleva el consumo de tabaco. El humo del tabaco es una mezcla compleja de sustancias químicas como el monóxido de carbono, el alquitrán, el formaldehído, el cianuro y el amoniaco, muchas de las cuales son carcinógenos conocidos. El monóxido de carbono aumenta la probabilidad de enfermedades cardiovasculares. El alquitrán expone al usuario a un mayor riesgo de cáncer de pulmón, enfisema y trastornos bronquiales.

Las mujeres que fuman cigarrillos durante el embarazo corren mayor riesgo de sufrir un aborto espontáneo o de que sus bebés nazcan muertos, prematuros o con bajo peso.1 El tabaquismo durante el embarazo también podría estar asociado con problemas de aprendizaje y de conducta en los niños. Fumar más de una cajetilla de cigarrillos por día durante el embarazo prácticamente duplica el riesgo de que el niño afectado se vuelva adicto al tabaco si algún día comienza a fumar.6

Mientras que a menudo se consideran las consecuencias médicas que resultan del uso directo de los productos del tabaco, es importante tener en cuenta que la inhalación pasiva del humo también aumenta el riesgo de desarrollar muchas enfermedades. La inhalación pasiva del humo, conocida también como humo de tabaco en el ambiente, ocurre cuando se inhala el humo que exhala el fumador o el humo que despide la punta encendida de los productos del tabaco.

Las personas que no fuman pero están expuestas a la inhalación pasiva del humo en la casa o en el trabajo aumentan su riesgo de desarrollar enfermedades del corazón en un 25 a 30 por ciento7 y cáncer de pulmón en un 20 a 30 por ciento.5y cáncer de pulmón en un 20 a 30 por ciento.1 Además, la inhalación pasiva del humo causa problemas respiratorios en los que no fuman, tales como tos, producción excesiva de flema, reducción de la función pulmonar e infecciones respiratorias como la neumonía y bronquitis, tanto en adultos como en niños. De hecho, cada año alrededor de 150,000 a 300,000 niños menores de 18 meses de edad sufren infecciones de las vías respiratorias causadas por inhalación pasiva de humo.3 Los niños expuestos a la inhalación pasiva del humo también tienen un mayor riesgo del síndrome de muerte súbita del lactante, problemas del oído, y asma aguda. Además, los niños que crecen con padres que fuman tienen más probabilidades de convertirse en fumadores, exponiéndose (y exponiendo a sus futuras familias) al riesgo de desarrollar los mismos problemas de salud que sus padres cuando ellos sean adultos.

Aunque puede ser difícil dejar de fumar, los beneficios para la salud de romper con el hábito son inmediatos y sustanciales; entre ellos, la disminución del riesgo de cáncer, enfermedades del corazón y ataque al cerebro. Un hombre de 35 años de edad que deja de fumar aumenta su esperanza de vida en un promedio de 5 años.8
¿Existen tratamientos eficaces para el tabaquismo?

La adicción al tabaco es una enfermedad crónica y con frecuencia la persona adicta al tabaco requiere numerosos intentos para dejar de fumar. A pesar de que algunos fumadores pueden dejar de fumar sin ayuda, hay muchos otros que la necesitan. Aunque tanto las intervenciones conductuales (consejería) como los medicamentos pueden ayudar a los fumadores a dejar el hábito, la combinación de los medicamentos con la consejería es más eficaz que cualquiera de los dos métodos por separado.
Tratamientos conductuales

Los tratamientos conductuales emplean una variedad de métodos para ayudar a los fumadores a dejar de fumar. Estos métodos van desde el uso de materiales de autoayuda hasta la consejería individual. Estas intervenciones enseñan a reconocer cuáles situaciones son de alto riesgo y a desarrollar estrategias para enfrentarlas. El Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos (HHS, por sus siglas en inglés) ha establecido una línea telefónica gratuita, 1-800-784-8669 (1-800-QUIT-NOW), para que sirva de punto de acceso para cualquier fumador que busque información y ayuda para dejar de fumar. El NIDA también está patrocinando las investigaciones para ampliar la disponibilidad de terapias de comportamiento mediante el desarrollo de intervenciones que utilicen formatos alternativos de entrega, tales como las modalidades a través del Internet, de la computadora, de asistentes digitales personales (PDA, por sus siglas en inglés) o de mensajes de texto, todos los cuales podrían beneficiar a las poblaciones difíciles de alcanzar y aumentar el acceso a las opciones de tratamiento para millones de fumadores.
Los tratamientos de sustitución de la nicotina

Las terapias de sustitución de la nicotina (las NRT, por sus siglas en inglés) fueron los primeros tratamientos farmacológicos que la Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) aprobó para su uso en tratamientos para dejar de fumar. Los productos para las NRT actualmente aprobados por la FDA incluyen el chicle o goma de mascar con nicotina, el parche transdérmico, los sprays nasales, los inhaladores y las pastillas para chupar. Las NRT entregan una dosis controlada de nicotina al fumador con el fin de aliviar los síntomas del síndrome de abstinencia durante el proceso de dejar de fumar. Este tratamiento tiene más éxito cuando se utiliza en combinación con los tratamientos conductuales.
Otros medicamentos

El bupropión y la vareniclina son dos medicamentos sin nicotina aprobados por la FDA que aumentan eficazmente las tasas de abstinencia del cigarrillo a largo plazo. El bupropión, un medicamento que también se conoce por su nombre comercial de Zyban, fue aprobado por la FDA en 1997 para su uso en el tratamiento antitabáquico. La acción del tartrato de vareniclina (cuyo nombre comercial es Chantix) está dirigida a los receptores de nicotina en el cerebro, para aliviar los síntomas del síndrome de abstinencia y para bloquear los efectos de la nicotina si los usuarios intentan volver a fumar.
Investigaciones actuales sobre tratamiento

Actualmente los científicos están explorando muchas otras rutas de investigación para desarrollar nuevas terapias para dejar de fumar. Una intervención prometedora en desarrollo es una vacuna contra la nicotina que induciría una fuerte respuesta inmunitaria a la nicotina en la corriente sanguínea, bloqueando su acceso al cerebro y evitando así sus efectos de refuerzo.
¿Cuál es la magnitud del uso del tabaco?
Estudio de Observación del Futuro (MTF, por sus siglas en inglés)*

Las tasas actuales de tabaquismo entre los estudiantes de 8º, 10º y 12º grado alcanzaron una mínima histórica en el 2012. Según el MTF, el 4.9 por ciento de estudiantes de 8º grado, el 10.8 por ciento de los estudiantes de 10º grado y el 17.1 por ciento de los estudiantes de 12º grado indicaron que habían fumado cigarrillos en el mes anterior a la encuesta. Aunque un número inaceptablemente elevado de jóvenes sigue fumando, estas cifras representan una disminución significativa respecto de su punto máximo (el 21 por ciento de los estudiantes de 8º grado, el 30 por ciento de los estudiantes de 10º grado y el 37 por ciento de estudiantes de 12º grado) alcanzado a finales de los años noventa.

El uso de pipas de agua estilo "hookah" (también llamadas pipas de agua turcas, narguiles o shishas) también se ha mantenido estable mostrando niveles altos desde su inclusión en la encuesta en el año 2010, con el 18.3 por ciento de los estudiantes de 12º grado indicando que las había usado en el año anterior a la encuesta. Mientras tanto, el 19.9 por ciento de los estudiantes de 12º grado reportaron haber fumado puros o cigarros pequeños el año anterior a la encuesta, una tasa que sigue siendo alta a pesar de haber disminuido desde el 2010. En el 2012, el uso actual de tabaco sin humo se mantuvo estable en todos los grados, con el 2.8 por ciento de los estudiantes de 8º grado, el 6.4 por ciento de los estudiantes de 10º grado y el 7.9 por ciento de los estudiantes de 12º grado habiendo reportado uso en el mes anterior.
Encuesta Nacional sobre el Uso de Drogas y la Salud (NSDUH, por sus siglas en inglés)**

En el 2011, el 26.5 por ciento de la población estadounidense de 12 años de edad o mayores (alrededor de 68.2 millones de personas) utilizó algún producto de tabaco por lo menos una vez en el mes anterior a ser entrevistados. Esta cifra incluye 2.5 millones de adolescentes de 12 a 17 años de edad (el 10 por ciento de este grupo de edad). Además, unas 56.8 millones de personas en los Estados Unidos (el 22.1 por ciento de la población) eran fumadores actuales; 12.9 millones fumaban cigarros o puros, más de 8.2 millones utilizaban tabaco sin humo y más de 2.1 millones fumaban tabaco en pipas.
Para más información

Para más información sobre el abuso y la adicción al tabaco, por favor vaya a www.drugabuse.gov/es/informacion-sobre-drogas/el-tabaco. Puede encontrar más información en inglés en www.smoking.drugabuse.gov.

Para más información sobre cómo dejar de fumar, por favor visite www.smokefree.gov o su sitio en españolwww.espanol.smokefree.gov.
Fuentes de información

* Estos datos provienen del Estudio de Observación del Futuro del 2012. El Instituto de Investigación Social de la Universidad de Michigan realiza esta encuesta anual bajo los auspicios del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas, dependencia de los Institutos Nacionales de la Salud, que forman parte del Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos. La encuesta ha seguido el uso de drogas ilícitas y actitudes relacionadas entre los estudiantes de 12º grado desde 1975, añadiendo a los estudiantes de 8º y de 10º grado al estudio en 1991.

** La NSDUH (anteriormente conocida como la Encuesta Nacional de Hogares sobre el Abuso de Drogas) es una encuesta anual de personas en los Estados Unidos de 12 años de edad en adelante, realizada por la Administración de Servicios de Abuso de Sustancias y Salud Mental (SAMHSA, por sus siglas en inglés). Se puede encontrar una copia en línea de la última encuesta en www.samhsa.gov o se puede solicitar por teléfono llamando al NIDA al 1-877-643-2644.
Referencias

1 Centers for Disease Control and Prevention. National Center for Chronic Disease Prevention and Health Promotion, Office on Smoking and Health, Department of Health and Human Services. Smoking and Tobacco Use—Fact Sheet: Health Effects of Cigarette Smoking. Actualizado en enero del 2008. Disponible en:http://www.cdc.gov/tobacco/data_statistics/fact_sheets/health_effects/effects_cig_smoking/index.htm.

2 Centers for Disease Control and Prevention. National Center for Chronic Disease Prevention and Health Promotion, Office on Smoking and Health, Department of Health and Human Services. Tobacco Use: Targeting the Nation's Leading Killer—At a Glance 2009. Disponible en: http://www.cdc.gov/chronicdisease/resources/publications/aag/pdf/tobacco.pdf (PDF, 3.5 MB).

3 Centers for Disease Control and Prevention. National Center for Chronic Disease Prevention and Health Promotion, Office on Smoking and Health. Department of Health and Human Services. Smoking & Tobacco Use, Fast Facts. Disponible en: http://www.cdc.gov/tobacco/data_statistics/fact_sheets/fast_facts/index.htm#toll. Información obtenida el 22 de julio del 2010.

4 Cao J, Belluzzi JD, Loughlin SE, Keyler DE, Pentel PR and Leslie FM. Acetaldehyde, a major constituent of tobacco smoke, enhances behavioral, endocrine and neuronal responses to nicotine in adolescent and adult rats. Neuropsychopharmacology 32: 2025-35, 2007.

5 Centers for Disease Control and Prevention, National Center for Chronic Disease Prevention and Health Promotion, Office on Smoking and Health, Department of Health and Human Services. The Health Consequences of Smoking: What It Means to You, 2004. Disponible en:http://www.cdc.gov/tobacco/data_statistics/sgr/2004/pdfs/whatitmeanstoyou.pdf.

6 Buka SL, Shenassa ED, Niaura R. Elevated risk of tobacco dependence among offspring of mothers who smoked during pregnancy: A 30-year prospective study. Am J Psychiatry 160:1978–1984, 2003.

7 Centers for Disease Control and Prevention, National Center for Chronic Disease Prevention and Health Promotion, Office on Smoking and Health, Department of Health and Human Services, Smoking and Tobacco Use—Fact Sheet: Secondhand Smoke Causes Heart Disease. Actualizada en mayo del 2007. Disponible en:http://www.cdc.gov/tobacco/data_statistics/fact_sheets/secondhand_smoke/health_effects/#heart.

8 Office of the Surgeon General, Office of Public Health and Science, Office of the Secretary, Public Health Service, Department of Health and Human Services. The Health Benefits of Smoking Cessation: A Report of the Surgeon General. Disponible en:http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1580165/pdf/pubhealthrep00193-0003.pdf (PDF, 1.2 MB).

Fuente: http://www.drugabuse.gov/
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La metanfetamina

La metanfetamina es una droga estimulante que afecta el sistema nervioso central y es similar en estructura a la anfetamina. Debido al alto potencial que tiene para el abuso, la metanfetamina está clasificada como un fármaco de la Lista II de acuerdo a la Ley sobre Sustancias Controladas, y se puede obtener sólo por medio de prescripción médica no renovable. Aunque los médicos pueden recetar la metanfetamina, sus usos médicos son limitados y las dosis que se recetan son mucho más bajas que las que normalmente se consumen cuando se abusa. La mayoría de la metanfetamina que se abusa en los Estados Unidos viene de súper laboratorios extranjeros y nacionales, aunque también se puede producir en pequeños laboratorios clandestinos, donde se ponen en peligro a las personas que la elaboran, a los vecinos y al medio ambiente.
¿Cómo se abusa la metanfetamina?

La metanfetamina es un polvo blanco, cristalino, inodoro y amargo que se disuelve fácilmente en agua o alcohol y que se puede fumar, inhalar, inyectar o tomar de forma oral.
¿Cómo afecta la metanfetamina al cerebro?

La metanfetamina aumenta la liberación y bloquea la reabsorción del neurotransmisor dopamina, produciendo concentraciones muy altas de esta sustancia química en el cerebro. Esto constituye un mecanismo de acción común de la mayoría de las drogas de abuso, ya que la dopamina juega un papel importante en la gratificación, la motivación, la sensación de placer y la función motora. La habilidad de la metanfetamina de liberar rápidamente la dopamina en las regiones de gratificación del cerebro es lo que produce la euforia intensa o "rush", que muchos consumidores sienten después de inhalar, fumar o inyectarse la droga.

El abuso crónico de la metanfetamina cambia de forma significativa el funcionamiento del cerebro. Los estudios no invasivos de neuroimágenes del cerebro humano han mostrado alteraciones en la actividad del sistema dopaminérgico que están asociadas con una disminución en el rendimiento motor y un deterioro en el aprendizaje verbal.1 Asimismo, estudios recientes en personas que han abusado de metanfetamina por periodos prolongados también revelan cambios graves de estructura y función en las áreas del cerebro asociadas con las emociones y con la memoria.2,3 Esto podría explicar muchos de los problemas emocionales y cognitivos que se observan en los abusadores crónicos de metanfetamina.

El abuso repetido de la metanfetamina también puede llevar a la adicción, una enfermedad crónica con recaídas caracterizada por la búsqueda y el consumo compulsivo de la droga, que viene acompañada por cambios químicos y moleculares en el cerebro. Algunos de estos cambios perduran mucho tiempo después del cese del consumo de metanfetamina. Sin embargo, se ha observado que algunos cambios se revierten después de periodos sostenidos de abstinencia (por ejemplo, más de 1 año).4
¿Qué otros efectos adversos para la salud tiene la metanfetamina?

El consumo de metanfetamina, incluso en pequeñas cantidades, puede resultar en muchos de los mismos efectos físicos de otros estimulantes como la cocaína o la anfetamina, incluyendo una prolongación del estado de vigilia, mayor actividad física, disminución del apetito, aumento de la frecuencia respiratoria, aceleración de la frecuencia cardiaca, irregularidad del latido del corazón, aumento en la presión arterial e hipertermia.

El abuso a largo plazo de la metanfetamina tiene muchas consecuencias negativas, entre ellas, una pérdida extrema de peso, problemas dentales graves (boca de metanfetamina o "meth mouth"), ansiedad, confusión, insomnio, perturbaciones en el estado de ánimo y comportamiento violento. Las personas con historial de abuso prolongado de metanfetamina también demuestran varias características psicóticas, como paranoia, alucinaciones visuales y auditivas y delirio (por ejemplo, la sensación de tener insectos que caminan debajo de la piel).

Otras consecuencias que pueden resultar del abuso de la metanfetamina incluyen la transmisión del VIH y de la hepatitis B y C. Los efectos intoxicantes de la metanfetamina por cualquier vía de administración pueden alterar el juicio y la inhibición y hacer que los usuarios practiquen actividades peligrosas, por ejemplo, comportamientos sexuales de riesgo. Los toxicómanos que se inyectan la droga pueden transmitir el VIH y otras enfermedades infecciosas a través de agujas o jeringuillas contaminadas u otros equipos utilizados para inyectar la droga, cuando éstos se comparten entre varias personas. El abuso de la metanfetamina también puede empeorar la evolución del VIH y sus consecuencias. Los estudios indican que el VIH causa mayor daño neuronal y cognitivo en las personas VIH+ que tienen historial de abuso prolongado de metanfetamina en comparación con las personas VIH+ que no usan la droga.5,6
¿Qué opciones de tratamiento existen?

Actualmente, la mayoría de los tratamientos eficaces para la adicción a la metanfetamina son intervenciones integrales cognitivo-conductuales. Por ejemplo, un tratamiento que ha logrado reducir el abuso de metanfetamina es el Modelo Matriz, un enfoque integral de tratamiento conductual que combina terapia conductual, educación familiar, consejería individual, grupo de apoyo de 12 pasos, pruebas de detección para el consumo de drogas y fomento de actividades no relacionadas a las drogas.7 Asimismo, las intervenciones de manejo de contingencias han demostrado ser eficaces ya que proporcionan incentivos tangibles a cambio de tomar parte en el tratamiento y mantenerse abstemio.8 Actualmente, no hay medicamentos aprobados para el tratamiento de la adicción a la metanfetamina; sin embargo, ésta es un área de investigación activa para el NIDA.
¿Cuál es la magnitud del abuso de la metanfetamina?
Estudio de Observación del Futuro (MTF, por sus siglas en inglés)

El Estudio de Observación del Futuro del 2008, una encuesta nacional sobre el consumo de drogas entre los estudiantes de 8º, 10º y 12º grado, ha demostrado una disminución general en el abuso de metanfetamina en los últimos años, sin embargo, continúa siendo preocupante. Los resultados de la encuesta muestran que el 2.3 por ciento de estudiantes de 8º grado, el 2.4 por ciento de estudiantes de 10º grado y el 2.8 por ciento de estudiantes de 12º grado han probado metanfetamina alguna vez en la vida. Además, en el 2008 el 0.7 por ciento de estudiantes de 8º grado, el 0.7 por ciento de estudiantes de 10º grado y el 0.6 por ciento de estudiantes de 12º grado eran usuarios actuales, es decir, habían abusado de la metanfetamina en el mes anterior a la encuesta. Del 2007 al 2008, el abuso de metanfetamina en la categoría de "en el año anterior a la encuesta" se mantuvo estable en los tres grados encuestados.
Uso de metanfetamina por estudiantes Estudio de Observación del Futuro del 2008

Uso**

8º grado

10º grado

12º grado

En la vida

2.3%

2.4%

2.8%


En el año anterior

1.2%

1.5%

1.2%


En el mes anterior

0.7%

0.7%

0.6%

Encuesta Nacional sobre el Uso de Drogas y la Salud (NSDUH, por sus siglas en inglés)***

El número de personas de 12 años de edad o mayores que reportaron haber usado metanfetamina en el año anterior a la encuesta disminuyó de 1.9 millones en el 2006 a 1.3 millones en el 2007. Se calcula que unos 529,000 americanos (el 0.2 por ciento de la población) eran usuarios actuales de metanfetamina (habían usado la droga por lo menos una vez en el mes anterior). De las 157,000 personas que usaron metanfetamina por primera vez en el 2007, la edad media del primer uso fue de 19.1 años, menor que la edad media de 22.2 años registrada en el 2006.
Para más información

Para más información en inglés sobre los efectos del abuso de metanfetamina y la adicción, visite www.drugabuse.gov/drugs-abuse/methamphetamine (en inglés). Para información en español, lea nuestra publicación "Abuso y Adicción a la metanfetamina" de la Serie de Reportes de Investigación, que se encuentra en la página:www.drugabuse.gov/es/publicaciones/serie-de-reportes/abuso-y-adiccion-la-metanfetamina.

Para buscar por estado los centros de tratamiento financiados por el gobierno, visite la página:www.findtreatment.samhsa.gov.
Fuentes de información

*Estos datos provienen del Estudio de Observación del Futuro del 2008. El Instituto de Investigación Social de la Universidad de Michigan realiza esta encuesta bajo los auspicios del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas, uno de los Institutos Nacionales de la Salud, que forma parte del Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos. La encuesta ha seguido el uso de drogas ilícitas y actitudes relacionadas entre los estudiantes de 12º grado desde 1975, añadiendo a los estudiantes de 8º y de 10º grado al estudio en 1991.

** "Uso en la vida" se refiere al uso de la droga por lo menos una vez en la vida del participante. "Uso en el año anterior" se refiere a que el participante usó la droga por lo menos una vez en el año anterior a la encuesta. "Uso en el mes anterior" se refiere a que el participante usó la droga por lo menos una vez en los 30 días anteriores a la encuesta.

*** La NSDUH (anteriormente conocida como la Encuesta Nacional de Hogares sobre el Abuso de Drogas) es una encuesta anual de americanos de 12 años o mayores realizada por la Administración de Servicios de Abuso de Sustancias y Salud Mental (SAMHSA, por sus siglas en inglés). Los datos de la última encuesta se encuentran en www.samhsa.gov.
Referencias
Volkow ND, Chang L, Wang GJ, y cols. Association of dopamine transporter reduction with psychomotor impairment in methamphetamine abusers. Am J Psychiatry158(3):377–382, 2001.
London ED, Simon SL, Berman SM, y cols. Mood disturbances and regional cerebral metabolic abnormalities in recently abstinent methamphetamine abusers. Arch Gen Psychiatry 61(1):73–84, 2004.
Thompson PM, Hayashi KM, Simon SL, y cols. Structural abnormalities in the brains of human subjects who use methamphetamine. J Neurosci 24(26):6028–6036, 2004.
Wang GJ, Volkow ND, Chang L, y cols. Partial recovery of brain metabolism in methamphetamine abusers after protracted abstinence. Am J Psychiatry 161(2):242–248, 2004.
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Rippeth JD, Heaton RK, Carey CL, y cols. Methamphetamine dependence increases risk of neuropsychological impairment in HIV infected persons. J Int Neuropsychol Soc 10(1):1–14, 2004.
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Roll JM, Petry NM, Stitzer ML, y cols. Contingency management for the treatment of methamphetamine use disorders. Am J Psychiatry 163(11):1993–1999, 2006.


Fuente: http://www.drugabuse.gov/
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¿Qué es la marihuana?


La marihuana es una mezcla de hojas secas, flores, tallos y semillas del cáñamo, Cannabis sativa. La planta contiene una sustancia química que altera la mente llamada delta‐9‐tetrahydrocannabinol (THC) y otros compuestos relacionados a este. Los extractos con un alto nivel de THC también se pueden derivar de la planta de cannabis (ver "Extractos de marihuana").
La droga ilícita más comúnmente usada en los Estados Unidos es la marihuana (SAMHSA, 2014). Su uso se ha difundido entre los jóvenes. De acuerdo con una encuesta anual sobre el uso de drogas por estudiantes entre los grados sexto y doce, la tasa del uso de marihuana se ha mantenido estable en los últimos años después de haber incrementado constantemente en años previos. Sin embargo, el número de jóvenes que creen que el uso de la marihuana es nocivo ha disminuido (Johnston, 2014).
La legalización de la marihuana en varios estados para uso medicinal o recreacional entre adultos, podría tener un impacto en esos puntos de vista. Puede encontrar más información sobre el uso de la marihuana como un medicamento en el artículo DrugFacts: ¿Es la marihuana un medicamento?www.drugabuse.gov/es/publicaciones/drugfacts/es-la-marihuana-un-medicamento
Foto de marihuana seca y triturada y baretos de marihuana.

¿Cómo se usa la marihuana?

La gente fuma marihuana en cigarrillos hechos a mano (bareto o joint) o en pipas o pipas de agua (bongs). También la fuman en caños—cigarros vacíos que se rellenan en parte o totalmente con marihuana. Ahora también hay más personas usando vaporizadores como una alternativa para evitar la inhalación del humo. Estos aparatos extraen los ingredientes activos de la marihuana (incluyendo el THC), y coleccionan su vapor en un compartimiento de almacenamiento. De esta forma la persona inhala el vapor y no el humo.
La marihuana también es incorporada a alimentos, como bizcochos, galletas o dulces, o también preparada en infusiones como el té. Uno de los últimos métodos más populares de usar marihuana es ingiriendo diferentes formas de resinas ricas en THC (ver "Extractos de marihuana").

Extractos de marihuana

El uso de extracciones de concentrados de marihuana altos en THC, sigue incrementando. Los que usan marihuana le llaman a esta práctica dabbing. Hay varias formas de estos extractos que se están usando, algunas son:
  • aceite de hachís o aceite de miel—un líquido viscoso
  • cera o budder—una sustancia solida con una textura parecida a la de un bálsamo para labios
  • shatter—una sustancia dura y sólida, de color ámbar
Estos concentrados pueden liberar cantidades extremas de THC al cuerpo, y su uso ha enviado algunas personas a la sala de emergencia. Otro de los peligros sucede durante la preparación de estos concentrados, a raíz del uso del gas butano (líquido para encendedores). Algunas personas que han usado gas butano para preparar estos concentrados en casa, han causado explosiones e incendios, y han sufrido quemaduras graves.

¿Cómo afecta la marihuana al cerebro?

La marihuana tiene efectos en el cerebro a corto y largo plazo.
Imagen de una sección transversal del cerebro señalando las áreas en las que el THC tiene un efecto en el cerebro.El THC actúa en varias áreas del cerebro (puntos amarillos).

Efectos a corto plazo

Cuando una persona fuma marihuana, el THC pasa rápidamente de los pulmones al torrente sanguíneo. La sangre transporta este químico al cerebro y a otros órganos en el cuerpo. Cuando la persona come o bebe alimentos con THC, el cuerpo se demora más en absorberlo. En este caso, los efectos se pueden empezar a sentir 30 minutos o una hora más tarde después de ingerirlos.
El THC actúa en ciertos receptores de células en el cerebro los cuales reaccionan naturalmente a químicos en el cerebro que se parecen al THC. Estos químicos naturales son parte del desarrollo y el funcionamiento normal del cerebro.
La marihuana produce una reacción excesiva en las partes del cerebro que tienen estos receptores. Esta reacción es la que causa el sentirse "dopado".
Entre otros efectos están:
  • percepciones alteradas (por ejemplo, ver colores más brillantes)
  • tener una percepción alterada del tiempo
  • cambios en el sentido de ánimo
  • falta de coordinación motriz
  • dificultad al pensar o resolver problemas
  • problemas con la memoria

Efectos a largo plazo

La marihuana también afecta el desarrollo cerebral. Cuando las personas empiezan a usar marihuana durante la adolescencia, la droga puede reducir las facultades mentales para pensar, memorizar y aprender, y afectar como el cerebro construye ciertas conexiones entre las diferentes partes del cerebro necesarias para llevar a cabo estas funciones. Los efectos de la marihuana en estas funciones pueden durar mucho tiempo e incluso pueden ser permanentes.
Por ejemplo, en un estudio se demostró que las personas que empezaron a fumar marihuana durante la adolescencia, en forma constante o empedernida y que terminaron desarrollando un trastorno de uso de cannabis, perdieron un promedio de 8 puntos de coeficiente intelectual entre los 18 y los 38 años de edad. Las capacidades mentales perdidas no se restauraron completamente en aquellas personas que dejaron de fumar marihuana en la edad adulta. Aquellos que comenzaron a fumar marihuana en la edad adulta no mostraron disminuciones significativas en su coeficiente intelectual (Meier, 2012).

Los niveles de THC han aumentado en la marihuana

Los niveles de THC en la marihuana han aumentado gradualmente en las últimas décadas (Mehmedic, 2010). Para alguien nuevo al uso de la marihuana, esto podría significar estar expuesto a un nivel más alto de THC y estar en un mayor riesgo de tener una reacción perjudicial. Los niveles más altos de THC en la marihuana podrían explicar el porqué del crecimiento en el número de visitas a la sala de emergencias relacionadas con el uso de marihuana.
La popularidad de los productos comestibles de marihuana, también aumenta la posibilidad de tener una reacción prejudicial. Estos toman más tiempo para ser digeridos y tardan más en producir su efecto. Por lo tanto, las personas pueden tender a consumir más con el objetivo de sentir los efectos más pronto, poniéndolos en peligro.
El dabbing también se ha vuelto una práctica de moda. Más personas están usando concentrados de marihuana con dosis más altas de THC, lo que causa efectos más fuertes (ver "Extractos de marihuana").
Para aquellos que usan frecuentemente dosis altas de marihuana, los niveles más altos de THC podrían significar un mayor riesgo de adicción.

¿Cuáles son otros efectos de la marihuana en la salud?

El uso de la marihuana puede tener una amplia gama de efectos en la salud física y mental.

Efectos en la salud física

  • Problemas de respiración. El humo de la marihuana irrita los pulmones, y los fumadores frecuentes de marihuana pueden tener muchos de los mismo problemas respiratorios que experimentan los fumadores de tabaco. Estos problemas incluyen tos y producción crónica de flema, más frecuencia de enfermedades respiratorias y un mayor riesgo de infecciones pulmonares. Hasta el momento, los investigadores no saben si los fumadores de marihuana tienen un riesgo más alto de contraer cáncer de pulmón.
  • Frecuencia cardiaca elevada. La marihuana eleva la frecuencia cardiaca, este efecto puede durar hasta 3 horas después de haberla fumado. Esto puede incrementar el riesgo de un ataque al corazón. Las personas de edad avanzada o aquellos con problemas cardiacos pueden tener un riesgo aún más alto.
  • Problemas con el desarrollo del bebe durante y después del embarazo. El uso de la marihuana durante el embarazo está relacionado con un riesgo más alto de problemas de conducta y problemas con el desarrollo cerebral del bebe. Si una madre embarazada usa marihuana, la droga puede afectar el desarrollo de ciertas partes del cerebro del bebe. Entre las deficiencias que pueden ser causadas al bebe están el tener dificultad para prestar atención, problemas con la memoria y con la habilidad de resolver problemas. Además, algunas investigaciones han encontrado cantidades moderadas de THC en la leche materna de madres que están amamantando. Los efectos que esto puede tener en el desarrollo del cerebro del bebe todavía no se conocen.

Efectos en la salud mental

Foto mostrando la silueta de un muchacho sentado y encorvado con la cabeza apoyada en su mano.
El uso frecuente de marihuana en algunas personas está relacionado con enfermedades mentales como:
  • Alucinacionestemporales—sensaciones e imágenes que parecen reales pero no lo son
  • Paranoia temporal—sentir desconfianza extrema de otras personas sin ninguna razón
  • Empeorar los síntomas en personas con esquizofrenia (un trastorno mental con síntomas tales como alucinaciones, paranoia y pensamiento desorganizado)
El uso de la marihuana también ha sido relacionado con otros problemas mentales, como:
  • depresión
  • ansiedad
  • pensamientos suicidas entre los adolescentes

¿Cómo puede afectar el uso de la marihuana la vida de una persona?

En comparación con los que no usan marihuana, los que la usan frecuentemente tienden a:
  • estar menos satisfechos con sus vidas
  • tener una salud mental deficiente
  • tener una salud física deficiente
  • tener más problemas en sus relaciones
Aquellos que usan también tienden a tener un peor rendimiento académico y menos éxito profesional. Por ejemplo, el uso de la marihuana está vinculado con un riesgo más alto de abandonar la escuela secundaria (McCaffrey, 2010). También está relacionado con más ausencias, accidentes, y lesiones laborales (Zwerling, 1990).

¿Es la marihuana adictiva?

Contrario a lo que se piensa, la marihuana puede ser adictiva. Las investigaciones han demostrado que aproximadamente 1 de cada 11 personas que usan marihuana se vuelven adictas (Anthony, 1994; Lopez‐ Quintero, 2011). Este riesgo aumenta en aquellos que comienzan durante la adolescencia (a un riesgo del 17 por ciento, o a aproximadamente 1 en 6 personas) y en los que usan marihuana a diario (a un riesgo entre el 25 y el 50 por ciento (Hall, 2009a; Hall, 2009b).

¿Qué tipos de tratamientos hay disponibles para la adicción a la marihuana?

Las personas que llevan usando marihuana por mucho tiempo han mostrado sentir síntomas de abstinencia al dejar la droga, lo cual hace que sea más difícil dejarla. Algunos de los síntomas incluyen:
  • irritabilidad
  • dificultad para dormir
  • falta de apetito
  • ansiedad
  • antojos
Las técnicas de apoyo conductual han mostrado ser efectivas como tratamiento para la adicción a la marihuana. Algunos ejemplos incluyen terapias y el uso de incentivos motivacionales (estos proveen algún tipo de recompensa a los pacientes que se mantienen libres de drogas). Hasta el momento no hay medicamentos para el tratamiento de la adicción a la marihuana. Sin embargo, se siguen llevando a cabo investigaciones que podrían llevar a la creación de nuevos medicamentos para ayudar con los síntomas de abstinencia, a bloquear los efectos de la marihuana y a prevenir la recaída en el uso de la marihuana.

Puntos para recordar

  • La marihuana se refiere a las hojas secas, flores, tallos y semillas del cáñamo, o planta Cannabis sativa.
  • La planta contiene el químico delta‐9‐ tetrahydrocannabinol (THC) y otros compuestos similares que alteran la mente.
  • La gente usa marihuana de varias formas, fumándola, ingiriéndola, tomándola o inhalándola.
  • La práctica de fumar compuestos de extractos de marihuana altos en THC (comúnmente llamadodabbing) sigue incrementando.
  • El THC produce una reacción excesiva en ciertos receptores del cerebro, resultando en efectos tales como:
    • percepción distorsionada
    • cambios de ánimo
    • falta de coordinación motriz
    • dificultad al pensar y resolver problemas
    • problemas de aprendizaje y memoria
  • El uso de la marihuana puede tener un rango amplio de efectos en la salud mental y física, algunos de ellos son:
    • problemas respiratorios
    • riesgo de causarle daño al cerebro del bebe, si la madre usa marihuana durante el embarazo
    • alucinaciones y paranoia
  • Los niveles de THC en la marihuana han incrementado gradualmente, ocasionando efectos más peligrosos para los que usan marihuana.
  • La marihuana puede ser adictiva.
  • Entre los tratamientos para la adicción a la marihuana están las técnicas de apoyo conductual. Hasta el momento no existe ningún medicamento para el tratamiento de la adicción a la marihuana.

Información adicional

Para más información sobre la marihuana y el uso de la marihuana, visite:
Para más información sobre la marihuana como medicina y leyes estatales sobre la marihuana, visite:
Estudio de Observación del Futuro (Monitoring the Future)
Para aprender más sobre la encuesta Estudio de Observación del Futuro (Monitoring the Future), la cual toma medidas anuales a nivel nacional sobre el uso de las drogas, el alcohol, y el tabaco por adolescentes, y las conductas relacionadas con el uso de estas sustancias:
www.drugabuse.gov/related-topics/trends-statistics/monitoring-future
Esta publicación es de dominio público y puede ser usada o reproducida en su totalidad sin pedir autorización al NIDA. Se agradece la citación de la fuente.

Referencias

Anthony J, Warner LA, Kessler RC. Comparative epidemiology of dependence on tobacco, alcohol, controlled substances, and inhalants: basic findings from the National Comorbidity Survey.Exp Clin Psychopharmacol. 1994;2:244-268.
Hall W, Degenhardt L. Adverse health effects of non-medical cannabis use. Lancet. 2009;374:1383-1391.
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Johnston LD, O'Malley PM, Miech RA, Bachman JG, Schulenberg JE. Monitoring the Future national results on drug use: 1975-2014: Overview, Key Findings on Adolescent Drug Use. Ann Arbor, MI: Institute for Social Research, The University of Michigan; 2014.
Lopez-Quintero C, Pérez de los Cobos J, Hasin DS, et al. Probability and predictors of transition from first use to dependence on nicotine, alcohol, cannabis, and cocaine: results of the National Epidemiologic Survey on Alcohol and Related Conditions (NESARC). Drug Alcohol Depend. 2011;115(1-2):120-130.
McCaffrey DF, Pacula RL, Han B, Ellickson P. Marijuana use and high school dropout: the influence of unobservables. Health Econ. 2010;19(11):1281-1299.
Mehmedic Z, Chandra S, Slade D, et al. Potency trends of Δ9-THC and other cannabinoids in confiscated cannabis preparations from 1993 to 2008. J Forensic Sci. 2010;55(5):1209-1217.
Meier MH, Caspi A, Ambler A, et al. Persistent cannabis users show neuropsychological decline from childhood to midlife. Proc Natl Acad Sci USA. 2012;109:E2657-2664.
Substance Abuse and Mental Health Services Administration (SAMHSA). Results from the 2013 National Survey on Drug Use and Health: Summary of National Findings. Rockville, MD: Substance Abuse and Mental Health Services Administration; 2014. HHS Publication No. (SMA) 14-4887. NSDUH Series H-49.
Zwerling C, Ryan J, Orav E. The efficacy of preemployment drug screening for marijuana and cocaine in predicting employment outcome. JAMA. 1990;264(20):2639-2643.
Fuente: http://www.drugabuse.gov/
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