El ataque de pánico quita poder de decisión y genera dolor físico y del alma

Aquí no existe el típico diván, pero sí un pizarrón de esos que se escriben con fibras de colores. ¿Consultorio atípico para un psicólogo? No tanto. Manuel Tomé asegura que para tratar los ataques de pánico es necesario restablecer cierto equilibrio en el paciente y para ello hay que explicar y educar, además de utilizar técnicas que ayudan a manejar las situaciones de crisis. Recién en ese momento considera importante el rol de las terapias clásicas en la Argentina -de base freudiana- que hacen hincapié en la historia personal. Licenciado en Psicología por la Universidad de Buenos Aires, Tomé es miembro de la comisión directiva de la Asociación Argentina de Trastornos de Ansiedad y se desempeña en el equipo del doctor Alfredo Cía, presidente electo de la Asociación Psiquiátrica de América Latina para el período 2012–2014. Acerca de las conductas evitativas de la gente que sufre pánico y no se trata, asegura que el padecimiento es tan grande que muchos prefieren aislarse a salir al mundo con la sensación de que en cualquier momento lo peor puede suceder.¿El ataque de pánico es un síntoma o una enfermedad? Puede ser una cosa u otra; depende del contexto. Si hay un hecho real que justifica el miedo y genera la sensación física y mental de alerta -desde la taquicardia hasta la desesperación-, hablamos de un síntoma. Pero si el ataque se repite sin nada que lo amerite y sin una base lógica, ya estamos frente a una enfermedad. En este caso, es una dolencia que genera mucho dolor interno, que desorganiza psíquicamente y que a menudo se convierte en el centro de la vida de la persona afectada.¿Cómo diferenciar una situación de otra? Le cuento una experiencia personal. En el verano pasado, yo estaba con mi familia descansando en las sierras de Córdoba. Caminábamos, el 26 de diciembre, con mi mujer y mis dos hijos cerca de un arroyo; éramos los únicos en la zona. De repente, mi mujer resbaló y cayó. Me di vuelta y le dije "¿Qué te pasó?". Ella me respondió con dos palabras: "Hizo crack". "¿Te fracturaste?", atiné a preguntarle y ella volvió a repetir "Hizo crack". ¿Cuál fue mi respuesta? Me puse pálido, sentí que me mareaba, las piernas se pusieron flojas, el corazón me latía rápidamente, intuía que no tenía fuerzas para resolver la situación. Casi me tenían que ayudar a mí. Eso era un ataque de pánico, me dio mucho miedo la situación, ver a mi esposa que se había fracturado. Ahora, ¿fue una conducta desadaptativa? No. Me permitió levantarla casi a upa, subirla por un peñasco hasta el auto porque ella no podía apoyar, y si no hubiera estado tan desesperado no lo habría logrado.¿El problema es cuando el pánico no se condice con la situación real? Exacto. Pensemos en el hipotético caso de un joven que termina la facultad y ha realizado hasta el momento trabajos más o menos sencillos. Tiene un perfil exigente, rígido, obsesivo, sólo se permite hacer las cosas bien y lleva en la espalda una tradición familiar en la que se premia el éxito y se castiga de alguna manera el fracaso. Le sale la oportunidad de una promoción laboral importante, pero eso le dispara una gran ansiedad.Duda de si estará a la altura de las circunstancias.Piensa que a lo mejor no lo hace tan bien como debiera y eso genera una sensación de angustia que puede terminar en un ataque de pánico por su híper responsabilidad y su incapacidad para ser un poco más flexible. Si él no se da cuenta de lo que hay debajo de este conflicto personal, es factible que quede atado al miedo y desatienda la nueva situación. El ataque de pánico se da en gente que se siente vulnerable. Y desemboca casi siempre en conductas de evitación: para que no se produzca la angustia que no puede manejar, este muchacho va a preferir trabajos de menos jerarquía o responsabilidad.¿La persona se vuelve más indefensa? Si uno acepta el límite que le impone el miedo, sólo aceptará roles secundarios, permanecer o ir a lugares donde considera que está a salvo. No se va a desprender de alguien que le funcione como garante o enfermero y así evitará sistemáticamente diferentes situaciones hasta caer -pasa a menudo, pero no siempre- en la agorafobia. Los griegos llamaban ágora a la plaza pública y en psicología consideramos que muchas personas con pánico evitan ir a lugares de los cuales no vean un escape rápido en el caso de sufrir una crisis. De esta forma, se recluyen cada vez más.En un principio, ¿cómo sabe una persona que sufre un ataque de pánico y no un problema cardíaco? ¿Cuáles son los síntomas? A ver … En este ejemplo que mencionábamos, sería muy posible que el muchacho sufriera problemas fisiológicos como taquicardia, sudoración, oleadas de frío o de calor, temblor, falta de aire. El cuerpo está avisando que hay peligro, más allá de que su lectura sea equivocada. Luego está la respuesta psicológica: pérdida de control de sí mismo, pensamientos catastróficos -algo malo me va a suceder ya-. La primera vez que se produzca, irá seguramente a un servicio de urgencia. Antes no había tanta conciencia del cuadro y una persona podía pasarse años de médico en médico, con un diagnóstico errado. Ahora, si lo atienden en un buen lugar, le hacen un electro y unos análisis de laboratorio de enzimas cardíacas que permiten saber muy rápido si hay problemas del corazón. Si no los hay, debiera llegar la derivación a un psiquiatra o a un psicólogo.¿Cómo se trata el ataque de pánico? ¿Sirven las terapias freudianas? Existen abordajes diversos. Para mí, antes de bucear en el pasado, hay que bajar los síntomas, lograr que la persona pueda desarrollar una vida cotidiana más o menos cómoda y para ello trabajo con un enfoque cognitivo-conductual. Se trata de terapias breves -en la Argentina podríamos hablar de un promedio de 4 a 6 meses- que pueden necesitar, o no, medicación y en ese caso psicólogo y psiquiatra desarrollan una tarea en forma conjunta.¿Me explica cómo es una terapia de estas características? Se trabaja bastante con psicoeducación. Se le explica al paciente cuál es el modo en que se instalan el trastorno y sus lógicas. Esto suele generar un efecto aliviador porque la persona logra comprender qué le sucede. Y también se le da un entrenamiento en lo que se llama respiración diafragmática que corta los ciclos de hiperventilación -aumentos de la frecuencia respiratoria, jadeos- típicos de ataques de pánico, y causales de gran parte de la sintomatología que se aprecia, sobre todo en mareos y en la sensación de flojedad. A la vez, trabajamos con la exposición "interoceptiva" que consiste en generar artificialmente los síntomas del ataque para estar con la persona en ese momento y ayudar a manejarlos. El objetivo es que resignifique los síntomas, que no los vea como algo catastrófico. Así la persona puede enfrentar la vida tal cual es, con sus elementos positivos y con sus peligros.Una vez logrado este estado de tranquilidad, ¿se trabaja más la historia y el pasado del paciente? Yo lo hago así, me parece que es el momento adecuado. Ya Freud, un siglo atrás, decía que el pánico era una neurosis actual, que no ligaba asociativamente.¿Qué significa eso? Que no está vinculado a la historia de la persona. En verdad lo está, pero cuando se desencadena el ataque logra un grado de autonomía que de nada sirve ponerse a asociar con traumas de otras etapas. En cambio, una vez que el paciente le pierde el pánico al ataque de pánico sí conviene analizar por qué fue susceptible de sufrirlo y ayudar a comprender sus conflictos.¿Qué historias se suelen esconder detrás de los ataques de pánico? Yo los llamo, metafóricamente, miedos de huesos, miedos primarios. El pánico es un punto de llegada, no de partida. Mucha gente cree que su problema comenzó con el primer ataque que sufrió, pero en verdad este ha sido consecuencia de la forma en la que se ha posicionado en el mundo y de las vicisitudes que le tocaron. Suelen ser personas que en su infancia o en su adolescencia han tenido dificultades en lo que hace al desapego de sus figuras materna o paterna o han tenido episodios traumáticos, de abandonos, de maltratos, pérdida significativa de seres queridos, padres sobreprotectores que no los han ayudado a desarrollar una capacidad de autoeficacia. Así, ante situaciones de estrés, se sienten muy vulnerables y se activa un mecanismo defensivo exagerado.El ataque de pánico es un trastorno que desestructura la vida de quien lo padece. Sin embargo, a nivel social parece tener cierta "onda", como si la causa fuera un exceso de cultura contemporánea. ¿No es extraño? Decir que uno está estresado parece una idea a la orden del día. Mucha gente asimila el ataque de pánico a tener simplemente un poco de ansiedad, y son cosas muy diferentes. No es lo mismo sentir que el tiempo no alcanza o que uno vive acelerado, sin capacidad de detenerse a disfrutar lo importante, que un ataque de pánico que debilita la relación de la persona con el mundo que lo rodea, la deja con menos posibilidad de decidir y le genera un dolor físico y del alma enormes. Quien realmente ha sufrido este ataque -le aseguro- no lo ve como algo cool , ni interesante, ni moderno, ni nada que se le parezca. Al contrario, lo recuerda como algo tan desagradable que sólo desea no volver a repetirlo.Copyright Clarín, 2011.

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